Programa sectorial de educación 2013-2018. Pasión por el reduccionismo

Captura de pantalla 2014-02-28 a la(s) 11.56.46Los buenos diagnósticos no garantizan la solución de los problemas, pero ubicarlos correctamente, comprenderlos en sus relaciones e identificar causas, es condición necesaria. Un mal diagnóstico aleja de la comprensión de los problemas y garantiza que sólo el azar pueda salvarlo de la ineficacia y el fracaso. El Programa Sectorial de Educación 2013-2018 (PSE), publicado en el Diario Oficial de la Federación el 13 de diciembre pasado, es buen ejemplo de un mal diagnóstico: reduccionista, impreciso, incompleto y complaciente.

Captura de pantalla 2014-02-28 a la(s) 11.57.00Si el Programa Sectorial anterior recibió una dura acogida, el actual no representa un salto adelante, especialmente si se tiene en cuenta que la educación es una de las cinco metas del Plan Nacional de Desarrollo: México con educación de calidad. Las otras cuatro, recordemos, son México en paz, México incluyente, México próspero y México con responsabilidad global.

A continuación, analizo el contenido del diagnóstico del PSE, sobre todo en la educación media superior y superior. Iniciaré con algunas consideraciones generales. Sólo tangencialmente aludiré a las estrategias y líneas de acción para ejemplificar.

Captura de pantalla 2014-02-28 a la(s) 11.57.17Ausencia de definiciones

Acorde con las recientes reformas constitucionales, el pse afirma que en la calidad está el mayor de sus desafíos, pero no hay un párrafo que la defina. La ausencia no es menor, y pedirla no es una exquisitez epistemológica. El acceso a la escuela, reconocido como crítico, queda opacado por la preocupación de superar los resultados del país en el Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

“Las bases filosóficas, humanísticas y sociales que dieron el gran impulso a la educación siguen vigentes”, sostiene el PSE. Habría sido pertinente que tales bases fueran explicitadas. Si esas bases son las que alimentaron el ideario del artículo 3° constitucional o la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP), es complicado encontrar un hilo comunicante entre la preocupación por aquella concepción educadora y ésta, obcecada con los resultados de los exámenes de opción múltiple (PISA y ENLACE) como medida de la calidad.

El objetivo 1 alude a una “nueva escuela pública mexicana”, pero no describe sus rasgos. El apartado introductorio de las estrategias y líneas de acción sólo estipula que esa escuela será producto de la “estructura curricular”, el “respeto y apoyo a los maestros”, “espacios educativos con características básicas” y una “escuela eficaz enraizada en el entorno”, frases ambiguas, más propias de un discurso que de un proyecto político-pedagógico. La línea de acción 1.1.10 propone: “Impulsar en las escuelas de tiempo completo un nuevo modelo educativo de la escuela pública mexicana”. ¿No habría valido la pena trazar el nuevo modelo? ¿Qué pasará con las escuelas que no son de tiempo completo? ¿Se rinde a las evidencias de que habrá, ad infinitum, mexicanos educados en escuelas de primera, segunda, tercera categoría?

Captura de pantalla 2014-02-28 a la(s) 11.57.31Todo por la calidad

Aunque se reconocen déficits en la inclusión, el desafío es la calidad. Persiste un pensamiento dicotómico. En un principio, sabemos, la tarea estuvo concentrada en construir escuelas modestas, sin importar lo que en ellas sucediera, y cuando aumentó el sistema escolar el énfasis se colocó en la calidad. Es injustificable que prevalezca ese tipo de razonamientos con falsos dilemas: inclusión o calidad, cantidad o calidad. Con una visión amplia no son antagónicas: sin inclusión no hay calidad, porque la calidad del sistema no es un atributo que se aplica cuando un segmento alcanza excelentes resultados a costa de la mediocridad o los pésimos indicadores del resto.

El tema no es coyuntural, es una cuestión profunda. Sin otro marco mental, sin la reforma del pensamiento, en palabras de Edgar Morín, es imposible la transformación radical de la escuela. Con el mismo marco mental, el único resultado posible de una reforma, como lo estamos experimentando actualmente, es más de lo mismo pero un poquito mejor, con la exacerbación de las directrices vigentes.

Cómo puede justificarse la obsesión por la calidad, divorciada de la equidad, cuando las cifras del rezago en el propio PSE retratan un sistema social injusto: 32,3 millones de mexicanos mayores de 15 años sin educación básica completa (más varios millones que debieron cursar el bachillerato obligatorio); cobertura de 87,3% a los 5 años, 96% durante la primaria, 87% a los 14 años, 79% a los 15 años.

Captura de pantalla 2014-02-28 a la(s) 11.57.47Premura o desdén

Algunos párrafos del PSE instigan la pregunta por la responsabilidad (no quiero aludir a capacidades, porque los autores sabrán de la materia) a la hora de la redacción, pues contiene imprecisiones, errores y ausencias. Por ejemplo, se menciona: “La educación debe formar para la convivencia, los derechos humanos, la responsabilidad y para todo lo que forme integralmente”. ¿Es flojera o imprecisión al redactar “para todo lo que forme integralmente”? ¿Por qué no enumerar todo aquello que forma integralmente y a lo cual se comprometerán la escuela y los maestros?

En el diagnóstico sobre educación media superior se habla de reducir el número de planteles de alta concentración de estudiantes de bajo rendimiento. ¿Qué significa eso? ¿Reducirlos cómo? ¿El Sistema Nacional de Bachillerato (SNB) tiene alguna tarea frente a esa diversidad y los niveles dispares de calidad, o sólo se encargará de legitimarlos?

Captura de pantalla 2014-02-28 a la(s) 11.58.06Educación media superior

En la educación media superior hay una línea de continuidad con el sexenio de Felipe Calderón. El corto diagnóstico se circunscribe al fortalecimiento del Sistema Nacional de Bachillerato y la necesidad de extender a todos los planteles el Marco Curricular Común, sin revisión crítica de los resultados o las razones.

Aunque los problemas de la cobertura son ingentes, véase la dramática expulsión de la escuela media superior (más de 600 mil expulsados del bachillerato cada año), para el PSE el desafío es la calidad, que en este tipo, como en la enseñanza superior, se desarticula del derecho a la educación y debe ser acreditada ensanchando un mercado lucrativo para las empresas acreditadoras.

En síntesis, el diagnóstico sobre el tipo medio superior es pobre, parcial, sin valoraciones críticas, con una visión reduccionista y complaciente.

Captura de pantalla 2014-02-28 a la(s) 11.58.14Educación superior

“En educación superior la línea de continuidad se sostiene desde el inicio. Se ensalzan los fondos concursables como mecanismos que resolvieron [sic] problemas de formación del profesorado, problemas estructurales de las universidades (no explica cuáles), favorecieron el desarrollo institucional y promovieron el trabajo colegiado”.

El PSE hizo caso omiso del balance de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) en el documento presentado a los candidatos presidenciales en 2012 (“Inclusión con responsabilidad social. Una nueva generación de políticas para la educación superior”): “La relación entre los procesos de evaluación y la asignación de recursos extraordinarios mediante la asignación de fondos concursables ha inducido respuestas adaptativas por parte de las ies y de los académicos, que en algunas ocasiones se han traducido en el cumplimiento formal de indicadores, distorsionando el objetivo central de la evaluación educativa: retroalimentar el trabajo académico para mejorar su calidad”.

Se ignoraron las consecuencias de presupuestos crónicamente insuficientes y de las negociaciones a que se supeditan las universidades, advertido por el organismo y expertos en el tema. Calla sobre el agotamiento de los programas de evaluación, expuesto en el documento de ANUIES: “El modelo de evaluación de la educación superior es redundante y desarticulado; posee una tendencia a la estandarización que no reconoce especificidades; enfrenta problemas regulatorios y muestra rendimientos decrecientes; es insuficiente la articulación de los distintos instrumentos y organismos de evaluación que operan en el sistema, y existen cuestionamientos sobre la solidez de los resultados de algunos procesos de evaluación y acreditación”.

El diagnóstico sobre la educación superior (sin posgrado) se agota en cuatro párrafos, sin una sola crítica a las políticas previas y sin acuse de recibo sobre los problemas analizados en múltiples investigaciones. Es complaciente y reduccionista, como si los rezagos fueran a resolverse con las actuales políticas e instrumentos, a contracorriente de la opinión de rectores y directores de las instituciones y de la investigación educativa.

Epílogo

El PSE 2013-2018 es una reiteración de las líneas generales de política que estancaron al sistema educativo, desde preescolar (su cobertura es vergonzosa) hasta el nivel superior. En lugar de convertirlo en un documento poderoso y alentador, se diluye con recurrentes traslapes entre un plan clarificador de una visión refrescante y un discurso político hueco y demagógico, con expresiones del tipo: “El patrimonio y la infraestructura culturales, la actividad de los creadores y las industrias culturales, el creciente desarrollo de la sociedad de la información y el conocimiento y la capacidad de las instituciones culturales, significan un valioso activo de la sociedad mexicana para la formación de las nuevas generaciones y como motor del desarrollo y agente de la recuperación de la seguridad y la paz sociales”.

El PSE está lejano, en las antípodas a veces, de las enseñanzas que nos legaron muchos de los más lúcidos pensadores, o la propia experiencia de sistemas educativos que son considerados de vanguardia. José Ortega y Gasset, por ejemplo, nos ha advertido que la reforma de los sistemas educativos no puede reducirse a, ni consistir en, la corrección de abusos, sino en la creación de usos nuevos. En este caso, no se aprecia ni lo uno ni lo otro.

Las preguntas sin respuestas abruman: ¿Cómo promover una buena educación en un contexto en el que los maestros fueron ignorados en la reforma educativa? ¿Cómo educar en el ejercicio de la democracia cuando se aprueban reformas y luego se emprenderán las consultas que debieron alimentarlas? ¿Cómo educar para la convivencia y la paz en una sociedad violenta, enfrascada en una batalla fallida contra el narcotráfico? ¿Cómo educar integralmente si no se regulan los contenidos de la televisión que mira la gran mayoría de los niños? ¿Cómo educar al margen de una sociedad en la cual se practican valores y hábitos en contradicción con la escuela? ¿Cómo educar en un país donde más de 50 millones de mexicanos sobreviven en condiciones de pobreza y miseria? ¿Cuál es el proyecto pedagógico para educar en contextos heterogéneos e injustos? ¿Todos los mexicanos pueden ser educados?, ¿deben ser educados?, ¿merecen ser educados?

La ausencia de una valoración crítica sobre el proceso de privatización de la enseñanza superior es inquietante. Hay motivos evidentes: las instituciones privadas a nivel universitario alivian las presiones sociales de un Estado incapaz de atender a todos los demandantes. Ante dicha incapacidad, no se regula con rigor para que la educación en manos de particulares sea de una calidad mínima aceptable. En cambio, sólo se insinúan asépticamente algunos elementos; la línea de acción 2.2.10 dice: “Impulsar la coordinación con las autoridades educativas estatales para regular y transparentar más efectivamente el otorgamiento e inspección del Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios (RVOE)”.

Otras dudas se cuelan. Cómo leer, por ejemplo, la estrategia 2.7.8. “Desarrollar nuevos modelos de financiamiento para alentar la inversión privada en la infraestructura física escolar.” ¿Inversión privada a cambio de qué? ¿Es otra vía privatizadora?

Cuando se presentan los resultados de la prueba ENLACE (primero descalificada, luego rescatada y vuelta a enterrar, hasta principios de enero) no se alude tampoco a la profunda brecha entre los resultados de las escuelas particulares y el resto de los subsistemas. Esto es relevante y urgente. No pueden contenerse el desarrollo y los buenos resultados de los niños normalmente privilegiados (en la escuela y fuera de ella) que asisten a las escuelas particulares, pero es inadmisible sostener y reforzar los distintos circuitos de calidad: buena educación para los privilegiados, mala educación para la mayoría y pésima educación para los más pobres. ¿No le interesa al Estado amortiguar el ensanchamiento?

Un rasgo que singulariza a este Programa es que reúne a la educación media superior con la superior y la capacitación para el trabajo. En principio esta decisión sólo magnifica el tratamiento diferencial entre la educación básica y los otros dos tipos educativos reconocidos en la Ley General de Educación. ¿Por qué lo decidieron de esa forma? Es una pregunta que no tiene respuesta lógica. La estrategia 2.7 confunde rotundamente, pues las integra frente a una situación en que sus diferencias son abismales: la infraestructura y el equipamiento. En cualquiera de los casos, la unión no mejora ni la comprensión del problema ni la proyección de los escenarios futuros, dadas sus desigualdades.

En el documento no hay una visión renovada de la escuela, en especial de la escuela pública a la cual asisten y seguirán asistiendo la gran mayoría de los mexicanos. El pse colocó un sello de validez y certificó que lo hecho en el pasado está bien hecho, y que deben profundizarse políticas y estrategias. Sería admisible si a cambio se construyeran argumentaciones sólidas, pero no existen; debe aceptarse como dogma de fe.

¿Una vez más el país perdió la posibilidad de emprender transformaciones de esta escuela pública ineficiente para convertirla en una moderna institución que se proyecte con solidez al futuro? Lo que está en juego no es una generación, sino la suerte educativa del país.

Exceptuando el uso del nuevo lenguaje, con términos derivados de los enfoques empresariales (competencias, aseguramiento de la calidad), un programa como el que analizamos se habría leído con familiaridad hace 30 años, lo cual no pondera su pertinencia y refleja parálisis. El Programa Sectorial de Educación, en síntesis, es una expresión de la obsesiva pasión por el reduccionismo y la cuentofrenia, de la escasa relevancia de lo educativo y de su desaseado uso político.

 

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4 thoughts on “Programa sectorial de educación 2013-2018. Pasión por el reduccionismo

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