Padres permisivos: Imponer límites no es lo mismo que ser un mal padre #ArchivoAZ

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En generaciones pasadas la palabra del padre —el rey, el gobernante, el marido— reinaba como única e incuestionable, rayando en la rigidez, el aislamiento y la intolerancia. Era la mayor muestra de autoridad, la cual daba pie a leyes, a discriminación, así como a miedos y angustias. Incluso cuando el padre no estaba presente, su voluntad podía entrar e instaurarse en la familia por boca de la madre: “Ya verás cuando llegue tu padre”, “tu padre se va a enfurecer”, “respeta a tu padre”, “no le respondas así a tu padre”, etcétera.

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El resultado de dicha educación trajo sentimientos de opresión, tristeza y miedo, pero sobre todo enojo. Aunado al proceso de la adolescencia, esto generó una explosión de rebeldía, coraje e ilusión de libertad y venganza que buscaba romper con estos sentimientos de devaluación y minusvalía. Después de muchos movimientos antiopresivos nacen los hijos de este sistema que, después de salir del dominio del padre, juran jamás regresar a ese ciclo. No ser dictadores ni demasiado dóciles, buscan una relación igualitaria en la que la figura paterna y materna tengan voz y voto en igual medida.

Ahora, los padres desean ser amigos más que figuras de autoridad para sus hijos, no están de acuerdo con las reglas, ni con los límites o la disciplina, pues para ellos esto es una forma de agresión y equivale a violar sus derechos. Con esta fórmula resulta muy complicado decir que no y crear reglas. Es en este momento cuando todo empieza a distorsionarse y ya no se da al niño lo que necesita sino lo que quiere; ser autoridad genera miedo en los padres.

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El niño tiene poder mucho antes de entender qué es el poder: “Un niño rey que su palabra es ley”. Los únicos parámetros y brújulas para un niño —de acuerdo a sus procesos de desarrollo— son la sensación y la emoción, por eso en un ambiente en el que puede sentir el miedo de los padres es posible que ejerza su frustración. Llegamos entonces al punto en el que un niño que necesita amor, comprensión y tolerancia, pero también estructura, límites y educación, sólo recibe lo primero.

Lee el artículo completo en la revista impresa.

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