20 años del Instituto de Neurobiología

A unos cuantos kilómetros al norte de la ciudad de Querétaro, se encuentra el Instituto de Neurobiología (INB) de la Universidad Nacional Autónoma de México, campus Juriquilla.

Se le considera un ejemplo exitoso de descentralización de las actividades científicas del país, de vinculación con los sectores salud y educativo, así como con la sociedad, dijo el doctor Raúl Paredes Guerrero, su actual director.

En 2013, el INB cumple veinte años de historia; se creó en 1993 como Centro de Neurobiología y en el 2002 cambió a su forma actual. En el marco de dicho acontecimiento, Paredes habló en entrevista con la Academia Mexicana de Ciencias sobre el estado, los desafíos y el impacto de este centro de investigación ubicado en el Bajío mexicano, dedicado enteramente al estudio del sistema nervioso y sus funciones.

A la fecha, el INB cuenta con un centenar de académicos de gran reconocimiento, muchos de ellos miembros de la Academia Mexicana de Ciencias; la mayoría se encuentra en los primeros niveles del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Cuando llegó el Instituto a Querétaro, destacó Paredes Guerrero, pasó a ser uno de los estados más importantes dentro del SNI.

En cuanto a la docencia, el Instituto participa en un programa de maestría y dos de doctorado, los cuales aún son relativamente pequeños por el número de alumnos inscritos, cerca de 200 en total, reconoció el investigador en la neurobiología de la conducta sexual y plasticidad del cerebro. Sin embargo, expuso que “nos hemos vuelto un polo desarrollo porque al campus llegan jóvenes de todo el país”. Se trata de estudiantes interesados en hacer su práctica profesional, servicio social, tesis de licenciatura o pasar un verano de investigación.

Además, varios maestros y doctores egresados se han incorporado a diferentes instituciones de educación superior en Querétaro y otras partes de la República, como profesores, investigadores o ambos. “Todo eso contribuye a la formación de recursos humanos de mejor nivel y revela el importante impacto del INB en la región”, aseguró.

Por otro lado, el INB da servicio a la comunidad. Su Unidad de Investigación en Neurodesarrollo, por ejemplo, realiza diagnósticos de daño cerebral en lactantes. “Se identifica a los bebés con este riesgo a través de médicos y hospitales, éstos los canalizan al Instituto a donde se les brinda atención”, comentó Paredes Guerrero.

De acuerdo con el informe de labores del año 2011, el INB proporcionó terapias especializadas a cerca de 350 pequeños en los que se detectaron lesiones.

“Por ahora el servicio no tiene costo, pero necesitamos volvernos autosuficientes”, comentó Raúl Paredes y agregó que para atender esta necesidad ya se está trabajando en un proyecto junto con la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, con el objetivo de que en un futuro se establezcan montos de acuerdo con las posibilidades de cada familia.

El liderazgo del INB en su campo se debe también a la tecnología de punta que utiliza. “El Instituto es el único lugar en toda Latinoamérica que tiene dos resonadores de tres teslas para hacer estudios de resonancia magnética”, aseguró. Con el equipo se generan imágenes de alta calidad en tiempo real de diferentes partes del cuerpo humano.

Cuando los resonadores no se usan con fines de investigación, dan servicio al público en general por el que sí se cobra un monto.

“Los ingresos nos han permitido generar recursos extraordinarios para incorporarlos al Instituto. Con éstos pudimos, por ejemplo, complementar parte del crecimiento del bioterio, el cual estrenamos a finales del año pasado y donde tendremos más de 40 líneas de ratones transgénicos de diferentes tipos con los que podremos seguir haciendo investigación de punta”, afirmó.

A la fecha, comentó Paredes, se construye un laboratorio de biomecánica gracias a un donativo de la Fundación Río Arronte, Fundación UNAM y al apoyo del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro. En las instalaciones se harán estudios relacionados con la motricidad de cuerpo humano, alteraciones como el Parkinson, la marcha de atletas de alto rendimiento o dar seguimiento a los bebés de la Unidad de Neurodesarrollo.

A pesar de los logros, aún hay tareas pendientes y retos, reconoció el director del INB, entre las que destacó mantenerse como una institución de frontera que abra nuevos espacios a más estudiantes, consolidar los programas de posgrado y hacer más divulgación internacional, son los desafíos primarios.

“Hemos sido muy exitosos en divulgación nacional: tenemos la Semana del Cerebro en Querétaro, un evento al que vienen escuelas de diferentes partes de la República y que recibe en promedio a 4 mil 500  personas en una semana”, dijo.

“Pero nos hace falta tener más presencia a nivel internacional; ahora estamos organizando simposios internacionales y como este año celebramos los veinte años del Instituto  queremos ofrecer un buen programa que nos ayude a mantener esa presencia”, concluyó.

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