8 mayo, 2017

Corrupción educativa #España

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Una vez que el Gobierno se bajó los pantalones aparcando la ley Wert y renunció a la reválida para obtener el título de enseñanza, quedaba por despejar cómo resolvería el tránsito de los alumnos hacia la educación superior. Y ya lo ha hecho. Los estudiantes podrán conseguir el título de la ESO aunque hayan suspendido dos asignaturas y tengan una nota inferior a 5. Para enmascarar el ridículo, se ha decidido que todos los alumnos, incluso estos más torpes, menos aplicados o más rebeldes, habrán colmado las expectativas depositadas en ellos por la sociedad bajo la fórmula de que “cumplen los requisitos” para hacerse con el título de la ESO. Pero salvo que se pretenda convertir España en el país de las maravillas de Alicia, las palabras no significan lo que el gobierno y la izquierda obscena quiere que signifiquen. Igual que las mujeres no pueden estar medio embarazadas, o un alumno está aprobado, porque ha sacado al menos un 5, o está suspendido si no ha tenido hasta la fecha la decencia de alcanzar dicha nota, empeño nada heroico, por cierto.

Desde el principio, la oposición, incluidos los sedicentes liberales de Ciudadanos, convirtió la primera ley educativa de la derecha en el caballo de batalla para permitir el arranque de la legislatura. Y Rajoy no tuvo reparos en ceder premiosamente el trofeo. Los falsos argumentos contra la modesta obra de Wert, que ya había puesto pies en polvorosa -sustituido por el melifluo Méndez de Vigo-, fueron que la norma no había sido suficientemente discutida y que se había aprobado en contra de la comunidad educativa. De manera que lo oportuno en estos tiempos de gobierno en minoría era la resurrección de un pacto que nunca ha existido ni se producirá jamás. Nunca ha habido pacto educativo alguno porque, salvo en esta última ocasión, todas las leyes desde 1982 han sido obra del PSOE. Y jamás podrá producirse porque, para la izquierda, la educación es su coto particular. Un territorio conquistado al que, con la ayuda de los nacionalistas de toda laya, nunca renunciará a pesar de los catastróficos resultados que ofrece el informe PISA, revelando el atraso de nuestros hijos en comprensión lectora, en las matemáticas y en la identificación de hechos históricos.

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