Luz, sombra, silencio

Por Héctor Cortés Mandujano.
Fotógrafo: Raúl Ortega.- 

 

Es la misma línea, dicen, la que atraviesa el placer y el dolor, el odio y el amor, la noche y el día. Por tanto, no hay luz sin sombra. En una está la otra, como la otra en la una. Aún en la noche total, aún en el medio día de sol apabullante. Lo oscuro es unánime, informe, negación; cuando la luz toca la oscuridad comienzan a verse las diferencias entre las cosas que antes parecían un solo bloque. Y el ojo puede notar formas asertivas. Un tubo puede simular una gaviota en vuelo, las escaleras un piano. Las formas geométricas, para ofrecerse a la vista, quizás usen una parte de cielo, la punta de un techo y el fragmento de una construcción anónima. Es difícil saber qué milagro de luz formó esa sombrilla blanquecina. ¿Qué es esa rueda, ese disco; para qué sirve, qué hace? La toma oblicua de un cruce de maderas inventa la celda de un panal de sombras. Las cosas nacen con lo blanco y lo negro, dos modos de llamar a la luz y a su oscura hermana gemela. Quizás en estas imágenes o en su alrededor hayan coches, gritos, tráfago de ciudad. Por fortuna, las fotografías aún no tienen sonido: sólo luz, sombra, silencio.

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