Los campus virtuales y la propiedad intelectual

El pasado 2 de mayo se dictó la sentencia del Juzgado de lo Mercantil número 2 de Barcelona, en la que se condena a la Universidad Autónoma de esa ciudad por realizar actos vulneradores de la Propiedad Intelectual. Esta decisión judicial constituye la primera por hechos de esta naturaleza en España.

El pasado 2 de mayo, fecha cargada de simbolismo revolucionario, se dictó la sentencia del Juzgado de lo Mercantil número 2 de Barcelona, en la que se condena a la Universidad Autónoma de esa ciudad (UAB) por realizar actos vulneradores de la Propiedad Intelectual.

Más concretamente por reproducir y comunicar públicamente a través de su campus virtual obras protegidas por los derechos de autor sin contar con la autorización de los titulares de los derechos ni de la entidad de gestión que puede otorgar licencias para dichos actos, es decir, del Centro Español de Derechos Reprográficos (Cedro).

El litigio tiene su origen en la demanda interpuesta por Cedro contra la Universidad en el año 2012, donde se solicitaba el cese de las vulneraciones de los derechos sobre obras que forman parte del reportorio que gestiona, halladas en formato digitalizado en la intranet de la UAB a disposición de los alumnos matriculados en los distintos grados.

La sentencia, que constituye la primera decisión judicial por hechos de esta naturaleza en España, acoge la mayoría de los pedimentos de la entidad de gestión.

Sin perjuicio del perfecto rigor jurídico de la decisión, y sus razones de fondo, resulta cuando menos sorprendente y paradójico que un centro de producción de conocimiento (y, por lo tanto, de generación de propiedad intelectual) se vea inmerso en un proceso judicial por no respetar la propiedad intelectual ajena, y resulte finalmente condenado de una forma tan firme y contundente. Para el lector no jurista, la conclusión que se puede extraer de la noticia es que, una vez más, el salto al entorno digital se ha hecho sin consideración ni respeto a los derechos de autor.

Nadie duda de las bondades que tienen las herramientas digitales en los proyectos educativos y en las tareas docentes diarias, especialmente en el ámbito universitario, donde se manejan numerosos textos y obras que, gracias a la reproducción digital y el acceso en línea, se pueden usar de forma concurrente, fácil y más económica. Como dice el propio juez, el alumno es beneficiado incluso desde el punto de vista económico, dado el ahorro en gastos de fotocopias que le permiten estos sistemas.

Ahora bien, lo que no tiene cabida ni razón, es que una vez creadas, fomentadas y hasta mantenidas las plataformas digitales que dotan de estos medios a profesores y alumnos, las mismas sirvan para quebrantar los derechos de autor, y que esto se haga sin la vigilancia o control de la propia institución académica, por más que exista un derecho a la libertad de cátedra. Tampoco parece razonable ni eficiente que sean los profesores a título individual, quienes recaben los permisos oportunos de los titulares de los derechos, y, menos aún, quienes los deban abonar.

Por los mismos motivos, resultaría ineficiente y difícilmente asumible que las universidades deban tomar la tarea de alcanzar acuerdos individuales con los titulares de todos los derechos de obras reproducidas, total o parcialmente, en los campus virtuales, siendo por ello la gestión colectiva el canal más cómodo y seguro para todas las partes implicadas.

Resulta contradictorio, como la propia sentencia dice expresamente, que en el pasado se lograse alcanzar un acuerdo entre la demandada y Cedro en relación con la reproducción mediante fotocopias (a través del servicio de reprografía del centro), y que ahora se niegue el conocimiento y responsabilidad frente a terceros de los actos ejecutados en la intranet de la universidad, y ello sin perjuicio de que se alojen otra clase de materiales de estudio no sujetos a Derechos de Autor, como matiza el juzgador.

Por más que las universidades combinen investigación y docencia, dudo que agrade a cualquier investigador o docente, que circulen copias ilegitimas de sus propias obras y manuales por las redes virtuales de su propia universidad, o de cualquier otra. Es preciso encontrar el espacio donde ambas tareas, producción de conocimiento y docencia, puedan combinarse de manera ordenada y respetuosa, la una con la otra.

Fuente: Expansión.com

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