Conviviendo y educándonos con los animales: el Zoológico del Bosque de Chapultepec

Isidro Pérez Hernández.
Periodista.-

Nacido en África, “Carlos” llegó a los dos años a la ciudad de México, en 1964. Durante mucho tiempo fue el único rinoceronte negro en cautiverio en América Latina. Vivió casi 40 años y hoy todos lo recuerdan por la escultura de metal que se montó en su honor en el legendario Zoológico del Bosque de Chapultepec.

En 1960, la gran atracción fue la pareja reproductora de pandas gigantes que el gobierno chino donó como símbolo de su amistad y desde entonces ocho crías han nacido ahí, colocando a México como el segundo país donde se reproduce en cautiverio esta especie, de la cual sólo queda un millón de ejemplares.

Muchas son las historias de animales que llegaron de otras partes para habitar el zoológico, un espacio visitado por cinco millones de personas al año. El disfrute de ver animales de diversas zonas bioclimáticas hace que el zoológico se convierta en un centro de educación ambiental y de cultura de la conservación de la naturaleza entre sus visitantes, que es el enfoque contemporáneo de estos sitios.

Algunas actividades como “Zoorpréndete” y “Azoomate a los Zoológicos” buscan tener un impacto sobre el público y promover la protección de las especies y del medio ambiente con juegos, talleres y pláticas, además de las exposiciones itinerantes entre zoológicos con temas como el cambio climático, la conservación del agua, aparte de la diversidad biológica.

Igual de trascedente es el trabajo que el zoológico de mayor tradición en la ciudad de México realiza en pro de la investigación, preservación y reproducción de especies endémicas. La biodiversidad en México es privilegiada, en nuestro espacio pueden encontrarse 10% de todas las especies vivas del mundo, lo que lo convierte en uno de los países de mayor riqueza, con alrededor de 65 mil especies conocidas y más de 900 especies exclusivas del territorio nacional.

Sólo Brasil, Indonesia y Colombia igualan la variedad de vida animal que poseemos. En la última década, las especies en peligro de extinción aumentaron 25%, por lo que México ocupa el segundo lugar mundial con especies en riesgo latente. En 2010, la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT)  reconoció que hay 71 nuevas especies y subespecies en categoría de “riesgo”.

Es prioritaria la tarea de defensa que el Zoológico de Chapultepec realiza en el caso de los conejos de los volcanes, (zacatuche  o teporingo), cuya única colonia reproductiva se estableció ahí en 1984. El rescate del mono aullador, ocelote, jaguar, nutrias de río, cotorra serrana, pavo ocelado, ajolote de Xochimilco y la tarántula de rodillas rojas, son otras de sus preocupaciones.

Desde la transformación de 1992 a 1994, el zoológico se ha apegado a los estándares mundiales: las viejas jaulas de acero donde los animales se morían de melancolía y estrés han desaparecido para fortuna de ellos, así como de la propia supervivencia humana. Hoy, la atención psicológica y física de los ejemplares en cautiverio considera no sólo la adaptación a su nuevo espacio sino actividades cotidianas como la caza y la obtención de comida, logrando algo más apegado a su región geográfica.

De ello se percata el visitante quien cuenta con información gráfica muy completa sobre cada animal exhibido, tal y como lo hacen los zoológicos más importantes del planeta. En Chapultepec hay mapas y recomendaciones para visitar las zonas bioclimáticas y sus habitantes. La vigilancia es constante para que se cumplan las reglas del lugar. Quien se interna tiene la oportunidad de conocer los biomas, o comunidades biológicas, identificables a lo largo del país. Incluso, al entrar en cada una, se da preferencia a los animales de nuestra fauna.

Ahora, los paseantes pueden disfrutar del Paraíso de las Mariposas, construido en un invernadero de 400 m2  que recrea las selvas tropicales y cuenta con mil mariposas de 85 especies diferentes y del Palacio de los Insectos, superficie de 100 m2  con 17 terrarios que albergan a distintas especies como el escorpión emperador y variedades de tarántulas, ciempiés y milpiés.

El zoológico —abierto en 1923 por iniciativa del biólogo Alfonso L. Herrera, decidido a emular el zoológico de Moctezuma, tan admirado por los españoles— presenta rezagos visibles por los visitantes.

El primer problema que se observa es el sobrecupo de asistentes. Aunque el diseño de los exhibidores de animales es amplio, la gente no puede verlos con facilidad ni con detenimiento.

Una de las grandes controversias es la causada por la presencia de concesiones de alimentos. Para algunos visitantes, ésta es una estrategia que los obliga a consumir productos específicos, para otros, el área es insuficiente para comer después de una buena caminata.

La percepción de sus visitantes es que el zoológico se está quedando sin animales. Algunos exhibidores se encuentran vacíos y otros simplemente cuentan con un letrero de “Está en mantenimiento”. La realidad es que el zoológico enfrenta dificultades para cumplir con uno de sus propósitos: la reproducción de las especies en cautiverio. Un caso representativo es el de los pandas y gorilas que no ha sido posible propiciar su apareamiento, pese a los esfuerzos.

Para algunos conocedores en la materia, el problema son las distintas restricciones impuestas por la Ley General de Vida Silvestre que prohíben la importación o exportación de especies como el oso polar, destinado a desaparecer en la ciudad de México, precisamente cuando en Canadá se buscan espacios para su cuidado y conservación, ya que el deshielo del Polo Norte los está acercando a la civilización. Mantener un zoológico requiere de un presupuesto importante y factores que incluso están sujetos al ciclo de vida natural de los animales, pero el trabajo continúa mediante una estrecha relación con centros de investigación dedicados a preservar las reservas genéticas.

A pesar de la considerable afluencia de visitantes que llegan a saturar los espacios y los tiempos para observar adecuadamente a las especies, el Bosque y Zoológico de Chapultepec seguirán siendo una alternativa popular para un paseo en familia de los modestos estratos socioeconómicos. Es importante que se cumplan los estándares internacionales de conservación, incluyendo la estricta vigilancia por la propia seguridad de los visitantes y como ejemplo de educación cívica, pues en una visita dominical nos encontramos con el penoso espectáculo de que dentro del espacio destinado a los hipopótamos se encontraba una familia disfrutando de manera particular la cercanía con estos animales.

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