Gestión de la Política Educativa

Por Sergio Martínez Dunstan.

Doctor en Educación y Coordinador de Operación Educativa del SEIEM.-

El propósito central es exponerles mi forma de ver cómo se realiza la Gestión de la Política Educativa en su dimensión federal e institucional. Analizaré en un principio los conceptos básicos implícitos en el tema, posteriormente me centraré en el papel de los actores políticos y en las políticas educativas.

Desarrollo Temático

Aguilar Astorga y Lima Facio destacan la diferencia entre política y políticas. Analizan los términos politics/policies, policy. Para los autores, la política (politics) se trata de relaciones de poder, procesos electorales y confrontaciones entre organizaciones sociales con el Gobierno.

Las políticas (policies) tienen que ver con las acciones, decisiones y omisiones por parte de los distintos actores involucrados en los asuntos públicos. Desde esta perspectiva y llevándola al tema que nos ocupa —la educación— existe una clara diferencia entre hablar de política educativa y de políticas educativas. La primera es el conjunto de relaciones de poder entre el Gobierno y los grupos implicados en los asuntos públicos. Las segundas son acciones tendientes a subsanar un problema —de corte educativo, por supuesto— identificado. Es decir: las políticas públicas en materia educativa buscan la mejora social a través de la propia educación.

La educación como medio y fin. Ahora bien, el verbo “gestionar” alude al quehacer. La Real Academia de la Lengua Española (RAE) lo relaciona con la frase, “hacer diligencias” y éstas, a su vez, son entendidas como los medios disponibles para conseguir un fin. Cuando al término de una gestión se le añade un adjetivo, éste es el fin. Al hablar de Gestión Escolar, Gestión Pedagógica, Gestión Educativa, Gestión de las Políticas Públicas, Gestión de las Políticas Públicas en Materia Educativa, Gestión de la Políticas Educativas nos referimos a una acción (gestionar) que afectará al objeto referido en el adjetivo.

Gestionar es hacer que las cosas sucedan. Gestionar la educación es hacer que ésta ocurra tomando en cuenta sus principios fundamentales; en las políticas educativas se trata de hacer que las relaciones de poder logren ciertos fines; en las educativas es asegurar la aplicación para la que fueron pensadas. Gestionar las políticas educativas tiene que ver con una adecuada planeación, un oportuno seguimiento para evitar desviaciones o ajustar lo necesario y valorar el resultado final mediante un juicio fundado y sistemático. Existe una vasta bibliografía sobre la gestión en diversos ámbitos científicos. No ahondaré más en ello por razones de tiempo.

Los programas son expresiones concretas y específicas de la política pública. En la administración pública se usa recurrentemente otro término: “Proyecto”. Aunque en términos estrictos un proyecto tiene mayor acercamiento con la planeación. Proyectar tiene que ver con idear o trazar un plan. He aquí otro concepto interesante:

“Plan”. Si a estos términos le agregamos el adjetivo “educativo” (programa educativo, proyecto educativo o plan educativo) y, además, le anteponemos la palabra “gestión”, llegamos a frases muy socorridas en los discursos de los actores políticos: “Gestión del Programa Educativo”, etcétera. Tanto los programas como los planes y los proyectos educativos poseen una propiedad inherente a los actores y grupos políticos que los propusieron; tienen que ver con el proyecto político de éstos; buscan ponerle su sello distintivo, personal y de grupo, es decir, gestionar la política pública a través de las mismas. El medio son las políticas educativas y el fin es la estrategia. Mi consideración es que debería ocurrir a la inversa.

Hablemos de los actores políticos responsables de la gestión de la política educativa. Aunque el título de la mesa se refiere a las dimensiones federal e institucional, el tema es más amplio y profundo de lo que a simple vista pudiera parecer. En educación, desde 1992, a raíz del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (ANMEB) se transfieren servicios educativos a las entidades federativas y el Gobierno Federal —a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP)— asume la rectoría de la educación a nivel nacional. Más allá de los términos y condiciones en que ocurre o ha ocurrido este proceso, es visible la concurrencia de dos actores, dos proyectos distintos de política educativa. El ámbito federal y el local.

Otro actor que desempeña un papel más o menos relevante —dependiendo de su propio desarrollo— es el ámbito municipal. Los tres niveles de Gobierno intentan imponer su política educativa a través de sus propias estrategias, llegando incluso a utilizar ciertas políticas para impulsar la propia o vetar otras porque responden a la que pretenden implementar. Incluso, aunque sean del mismo partido y debieran responder, en teoría, al mismo proyecto político, no ocurre así. A la acción de los gestores de políticas educativas precede la de los tomadores de decisiones, que son el nivel más alto en la jerarquía de la política educativa. Los funcionarios de gobierno no sólo responden a intereses de su grupo sino al suyo propio. Todo ello en el terreno de lo gubernamental, del poder ejecutivo.

También se perciben estas tres dimensiones en quienes diseñan las políticas: el Congreso Federal, el Local y los municipios, a través de las regidurías. Es poco común encontrar criterios de eficacia, eficiencia, efectividad o impacto para impulsar las políticas educativas más ad hoc  a la situación o problema social por resolver. Responden al proyecto político de un grupo, a una política educativa específica. En contraparte podemos señalar un aspecto favorable.

Con mayor frecuencia se hace uso de una herramienta muy poderosa, como la evaluación, que busca identificar criterios de selección de las mejores prácticas, pero todavía no tiene los niveles deseables. La racionalidad en la elección de las políticas públicas en materia educativa es aconsejable.

Otro actor protagónico es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Separadamente lo señalo sólo para efectos de análisis porque su influencia se entremezcla en los actores mencionados anteriormente: en los tres niveles de Gobierno y en los congresos, tanto autoridades educativas, como tomadores de decisiones, diseñadores y gestores de las políticas educativas. A algunos de ellos se les conoce como operadores políticos, es decir: quienes tienen ante sí la encomienda de garantizar la correcta puesta en marcha del proyecto político, de la política educativa a la cual responden. Mucho se ha discutido su legalidad y legitimidad o la de sus acciones. A mi parecer es legítimo y la legalidad de sus acciones toca tantos procesos que no tengo elementos de juicio para afirmarla o negarla. Es necesario reconocer que se trata de un actor activo, participativo, influyente, propositivo y, en ocasiones, decisivo. Protagonista en las políticas educativas, en la gestión y en las estrategias educativas. Al menos dicen interesarse en su materia de trabajo: la educación. Ese es su capital político. Para ellos, la educación es medio y fin para llevar las políticas educativas a su proyecto.

Recientemente las organizaciones no gubernamentales han desempeñado un papel mucho más activo. Y en su discurso también hacen suya la educación, “una mejor educación, un mejor desempeño de los actores educativos para alcanzar los nobles ideales, la reducción de la política educativa privilegiando a las políticas educativas”. Es dudosa su neutralidad en la política educativa. También responden a intereses de grupo y personales.

Algunos son extensiones, abiertas o encubiertas, de diversas organizaciones. Cada vez su poder de influencia es mayor. No es lejano el momento en el que su participación irá más allá de la simple crítica o la sola expresión pública de su anhelo por una mejor educación sino que estarán sentados en la mesa con el resto de los demás actores y decidiendo conjuntamente el derrotero de la educación.

La participación social también ha ensanchado su nivel de implicación. No solamente agrupándose en asociaciones o uniones sino que ahora también cuenta con un instrumento poderoso, el Consejo de Participación Social. Considero que aún no han alcanzado su máximo potencial. Hay que esperar en los próximos años una mejor organización y un accionar de mayor impacto. Ojalá maduren por su propia cuenta y no se vean cooptados por intereses ajenos a quienes representan.

Al final, los propios estudiantes —que en el caso de educación básica se limitan a ser agentes pasivos, receptores, beneficiarios y afectados de las acciones u omisiones de los diversos actores políticos— son quienes inciden directa o indirectamente en la política educativa. De ahí la relevancia del papel que desempeñan los gestores de las políticas educativas.

Consideraciones finales

Todos los actores políticos anteriormente mencionados participan en una lucha de poder para convencer o imponer su política educativa. Desafortunadamente, en algunos casos la gestión de éstas es un mecanismo empleado para ideologizar a las personas en aras de convencerlas de que la suya es la más apropiada. Quienes ejecutan las políticas educativas, las privilegian.

Quienes operan los programas educativos, en ocasiones dejan en segundo término los nobles propósitos educativos. Los actores políticos responden a sus intereses particulares, después a sus grupos y políticas educativas. Hasta el final, y si es que queda margen de maniobra, se verá a la educación en sí misma. Dicho de otra manera, las políticas educativas son el medio utilizado para hacer política educativa. Los actores políticos juegan ese juego según sus conveniencias personales y de grupo.

Idealmente cabría esperar que el fin último fuera el ser humano y la sociedad en donde nos desenvolvemos. Un ser humano con capacidad de transformación social, mas nuestra realidad ha puesto en entredicho este principio. La gestión de las políticas educativas como estrategia de mejora y transformación debe poner en una sola línea las visiones, políticas, proyectos, programas y planes. Ésta pudiera ser la opción.

Referencias

Aguilar Astorga y Lima Facio, “¿Qué son y para qué sirven las políticas públicas?”, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, septiembre 2009.
Consultado en http://www.eumed.net/rev/cccss/05/aalf.htm.
Martínez Dunstan, S., http://sergiomartinezdunstan.blogspot.com
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Un comentario en “Gestión de la Política Educativa

  1. ESTHER ALVARADO
    30 agosto, 2012 at 19:14

    Exelente analisís y muy claro. estoy muy de acuerdo contigo.
    siempre han utilizado al actor principal de la política educativa (maestro) para lograr los fines de las politicas educativas

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