La infraestructura escolar de México frente al siglo XXI

Por Francisco Miranda López.
Doctor en Ciencias Sociales. SNI I. FLACSO-México.

 

Entre Muros y Sombras.-

Los datos aportados tanto por la Secretaría de Educación Pública (SEP) (2007) como por diversos estudios sobre la infraestructura y el equipamiento físico de las escuelas públicas en México permiten afirmar que existe un problema severo de deterioro e insuficiencia (Fuentes, 2009). Además, la información subraya fuertes y pronunciadas repercusiones en los contextos de mayor vulnerabilidad y rezago social (INEE, 2007; ace, 2009).

Junto al deterioro flagrante de decenas de miles de escuelas públicas, se suman muchas más que, aun cuando puedan contar con instalaciones físicas formalmente adecuadas, sufren del “síndrome del edificio enfermo”, es decir: son altamente sensibles a problemas de temperatura, iluminación, calidad del aire y otros factores ambientales que la infraestructura física no puede contener (Bishop, Auster y Vogel, 1985).

 

InfRaestRuctuRa y modelo educativo, débiles

Al deterioro físico se suma el agotamiento del modelo formativo que fue consustancial al prototipo arquitectónico de la escuela pública mexicana, heredero del “panóptico” que, como ha señalado Foucault (2001), estuvo marcado por la necesidad de construir “disciplinas cerradas” en un escenario de crecimiento demográfico que necesitaba sólidos dispositivos de control social y político.

Este es un tema relevante pensando en el punto de inflexión que la sociedad actual —caracterizada por la articulación entre economía del conocimiento, interculturalidad y globalización— plantea al demandar un nuevo modelo educativo que implica la resignificación de sus actores clave, especialmente del docente: redefinir los espacios físicos, cambiar los papeles sociales en la escuela e innovar los recursos educativos y tecnológicos.

Ante el imperativo de que la escuela construya “disciplinas abiertas” es necesario “deconstruir” la estructura tradicional panóptica en la que fue edificada, para avanzar hacia una nueva estructuración del espacio educativo que no pase sólo por la idea convencional de las “condiciones dignas” de funcionamiento, sino que plantee nuevos escenarios para que la “ergonomía escolar” sea compatible con la horizontalidad de las sociedades de la información, el trabajo colaborativo y la modernización tecnológica de equipos y recursos y, finalmente, logre una educación de buena calidad para todos.

 

“Doble brecha”: educación e infraestructura

Como sucede con muchos de los temas educativos relevantes en el país, el de la infraestructura escolar tiene que enfrentar una suerte de “doble brecha” que se define en función del tiempo histórico —del pasado y del futuro— del desarrollo social y educativo. Por una parte, la brecha que podemos denominar de la “modernidad trunca e inacabada” y que se expresa en la distancia que separa a los sectores integrados al desarrollo nacional de los excluidos. Esta brecha se traduce en desigualdad de oportunidades educativas en el acceso, permanencia y, especialmente en nuestros días, en el logro educativo. Las zonas de mayor vulnerabilidad y rezago social, así como las insuficiencias en infraestructura educativa y de recursos de apoyo a las escuelas que se correlacionan entre sí, son la mejor expresión de esta brecha.

Por otra parte, existe otra fisura menos visible que puede denominarse como “posmoderna” que se instala en las corrientes de la era digital, del capital humano, de las nuevas tecnologías y de la capacidad para enfrentar los riesgos planetarios de la sustentabilidad. Esta corriente posmoderna plantea la necesidad de una actualización permanente y una búsqueda de opciones inéditas y creativas para insertarse favorablemente en la vanguardia del desarrollo mundial y no como furgón de cola. El reto para nuestras infraestructuras educativas es de primer orden, toda vez que plantea la innovación profunda de espacios físicos y de equipamientos tecnológicos que sean pertinentes a una formación por competencias, especializados en el dominio de realidades abstractas y virtuales, y en el desarrollo de una gestión institucional más colegiada, horizontal y participativa.

Mientras, las economías desarrolladas realizan avances para la construcción de escuelas del mañana (OCDE, 2006) —en las cuales no sólo se discuten las condiciones arquitectónicas de comodidad y sustentabilidad, sino que se avanza en la necesidad de articular lo real y lo virtual en el marco de un modelo de “escuelas inteligentes”, adaptables y flexibles— en México seguimos intentando normalizar el rezago en infraestructura escolar en paredes, techos, sanitarios y aulas.

 

Rutas posibles

Frente a la situación de nuestro sistema educativo en materia de infraestructura educativa son claros los desafíos que hay que en- frentar. Invertir en su fortalecimiento es, sin lugar a dudas, no sólo un detonador de progreso sino un instrumento fundamental para generar efectos multiplicadores y redistributivos. Al respecto es posible plantear tres líneas de acción posibles y complementarias:

Aprovechar los centros escolares en mejores condiciones de cada localidad y región del país, a efecto de integrar diversos servicios educativos, fortalecer su equipamiento didáctico y tecnológico, avanzar en la reconstrucción del modelo arquitectónico y, por ende, en el cambio del modelo educativo;

1. Generar estrategias de inversión de infraestructura y equipamiento con claros criterios de equidad dirigidas a mejorar las condiciones de las zonas de mayor rezago social;

2. Diseñar e implementar modelos de infraestructura educativa básica para todo el país en congruencia con las exigencias de formación y los nuevos climas de trabajo escolar que exige la sociedad del siglo XXI.

Estas rutas de intervención deben ser objeto de una revisión profunda de los criterios de financiamiento, buscando establecer esquemas de corresponsabilidad del sector privado y social para con el sector público. También será necesario incursionar en esquemas de intervención focalizados que permitan retomar las iniciativas y propuestas de innovación de las propias escuelas y las comunidades educativas.

BiBliograFía
ACE (2009). Eje 1. Modernización de los centros escolares. http://alianza.sep.gob.mx/ Bishop, Vl.; Auster y Vogel, Rh. “The Sick Building Syndrome. What it is and How to prevent it. Nat”. Safety Health News, December. 1985.
Foucault, Michael. Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión. Siglo XXI . México.
Fuentes, Mario Luis. “Infraestructura escolar: los riesgos para la Salud”. Excélsior. Lunes, 18 de mayo. 2009.
INEE. Infraestructura física y equipamiento en las primarias y secundarias de México. 2007.
OCDE. Schooling for tomorrow. Think scenarios re- thing education. http://www.oecd.org/dataoecd /54/60/36905464.pdf. 2006.
SEP. Resultados del Diagnóstico de Inmuebles Escola- res de la República Mexicana. 2007.