La revolución académica: La mejora del logro educativo a partir de redes de tutoría

Por Sara Vogel.
Becaria de Redes de Tutoría y miembro de la EIMLE.-

Para reformar la educación básica en México, nada que no sea una revolución podrá ser suficiente. Solamente 40% de los estudiantes de las primarias del país lograron la calificación “bueno” o “excelente” en Español en la Evaluación Nacional del Logro Académico en los Centros Escolares (enlace). En Matemáticas 41% de la misma población apenas pudo rebasar el nivel “elemental”. Las cifras en el nivel secundaria son peores: 16% calificó como “bueno” o “excelente” en Matemáticas y 17% en Español.

Aunque los educadores conocen estos datos y pueden constatar las deficiencias en las aulas, no logran prever el origen de la posible revolución educativa que permitiría atender eficazmente a las necesidades diversas de los alumnos. Si una transformación es lo que se necesita, algunos educadores se preguntarían: ¿Cómo organizarla?

Para el programa federal Estrategia Integral para la Mejora del Logro Educativo (eimle), la respuesta parte de una idea sencilla: si tienes interés y hay alguien capaz que te acompañe, aprenderás. La eimle promueve la relación tutora, un método que enseña a los estudiantes a aprender por cuenta propia a través de un diálogo personalizado, explorando los temas que desde un primer momento les interesan.

Los coordinadores y asesores del programa en los estados visitan y dan seguimiento a las 9 mil escuelas públicas del país en las que la mayoría de los alumnos no ha logrado rebasar el nivel “insuficiente” en la prueba enlace por tres años consecutivos. Plantan la semilla de la relación tutora y   acompañan a los directores, maestros, alumnos y asesores técnicos pedagógicos en la zona para mejorar la calidad del aprendizaje en sus escuelas.

Se puede hablar de una metodología revolucionaria porque redefine el núcleo de enseñanza-aprendizaje, empezando con los conceptos “estudiante” y “maestro.” En las escuelas que adoptan las relaciones tutoras, los maestros casi nunca se paran delante del pizarrón para exponer contenidos. En vez de eso, cualquier miembro de la clase que haya aprendido algo ofrece dar tutoría a otro compañero que quiera aprender lo mismo. Un buen tutor no regala respuestas. Sólo hace preguntas, da ejemplos y pistas para que el aprendiz cree su propio conocimiento. Cuando se trabaja con un tutor no te puedes esconder tras los compañeros y ser siempre parte del mismo nivel educativo.

¿Y de dónde viene el ejército de tutores que se necesita para hacer la “revolución” en maestros y estudiantes de 9 mil escuelas? Justamente de los salones de clase. Asesores de la eimle y de los nodos estatales del programa asesoran a maestros en un texto (para Español), o un problema (para Matemáticas) que está alineado con un estándar nacional. La meta no se limita a capacitar en los contenidos, también busca armar aprendices con las herramientas que se necesitan para resolver algún ejercicio en particular y explicarles cómo llegaron a la respuesta.

Los maestros usan el mismo método que ellos experimentaron al recibir tutoría para asesorar a los alumnos en sus clases, uno a la vez. Cuando algunos estudiantes resuelven el problema, entregan un registro de su propio proceso y un guión sobre lo que aprendieron o hacen una presentación oral de lo aprendido para mostrar que han dominado el tema. Después, estos estudiantes se consideran “tutores” de este tema y ayudan a sus compañeros en el problema, hasta que todos sean capaces de asesorar.

El número de maestros potenciales en el salón crece exponencialmente. Los tutores añaden problemas y textos a sus catálogos y el grupo de tutores disponibles se expande para incluir a padres y a administradores. Los adultos asesoran a los niños y éstos a los adultos. Lo importante es que el tutor sepa algo que el aprendiz quiera saber.

Se dice que la mejor manera de conocer un método es vivirlo, pero en la imposibilidad de tener una experiencia compartida, participemos en un diálogo tutor a través de la palabra escrita. Veamos el caso de Luis y Eduardo, dos estudiantes de secundaria de Zacatecas. Los dos practicaron la relación tutora en sus salones de clase por tres años. Ambos inician tutorías con sus compañeros voluntariamente, lo que demuestra su voluntad para incrementar su catálogo de temas y ofrecerlos a otros. Durante un encuentro reciente entre integrantes de los estados de Querétaro y Zacatecas, Eduardo asesoró a Luis en un tema de geometría que se llama “El cubo”, en el que había que encontrar el volumen de un cubo después de realizar unos orificios.

Han avanzado en su diálogo académico hasta el punto en que las preguntas del tutor para ayudar al aprendiz a resolver dificultades se hacen algo natural en el discurso; como se ve en la transcripción siguiente:

Eduardo: ¿Cuántos orificios caben en el cubo?

Luis: Seis.

Eduardo: No.

Luis: Cuatro.

Eduardo: A ver. [Empieza a contar, señalando al dibujo] Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… No. Le caben más.

Luis: ¿Cuántos más caben aquí alrededor? Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. Seis.

Eduardo: No, mira. Este es un hoyo y… ¿cuántos le caben en todo este pedazo?

Luis: Uno, dos, tres… nueve.

Eduardo: Y estos nueve agujeros, ¿cuánto miden de ancho?

Luis: Nueve.

Eduardo: Son nueve agujeros, sí, pero cuánto mide cada uno de ancho.

Luis: ¿Uno?

Eduardo: No. Esta es la base y la altura. ¿De ancho?

Luis: Tres.

Eduardo: Entonces, ¿hay tres de qué, adentro de esto?

Luis: Tres agujeros.

Eduardo: Aparte tiene tres cubitos. Entonces, ¿cuántos cubos son en total? Tiene tres cubos de uno, por uno, por uno. Entonces, ¿cuántos tiene el cubo en total?

Luis: Sí, aquí son uno, dos, tres… si son nueve aquí, nueve por seis 54…

Eduardo: Cada hoyo tiene tres cubitos. Y son nueve orificios.

Luis: Entonces 27.

Eduardo: ¿Tiene 27 qué?

Luis: Hoyos. ¡No! 27 cubitos.

Después de resolver esta parte del problema, Luis va directamente al diccionario, sabiendo que su investigación sobre los términos que surgieron durante la sesión apenas ha empezado. Concordando con la exploración del joven Luis, el Dr. Gabriel Cámara, coordinador académico de la eimle, tiene un dicho importante que le ha guiado durante los años que ha promovido la tutoría: “La juventud tiene que perder tiempo explorando”. El deseo de cambiar las tradiciones y convenciones de la educación, para Cámara, viene de los recuerdos que tiene de sus días de educación tradicional. “Era pésimo estudiante”, dice. No tuvo interés por las asignaturas ni por los maestros que las impartían.

Por su pésima actitud ante la escuela, es irónico que llegara a educarse en una de las universidades más prestigiosas del mundo: Harvard. Por su logro educativo, agradece a su compañero en la secundaria, Jorge Elizalde, que pasó tiempo con él en sesiones de tutoría personalizada, dándole la oportunidad que le había faltado para explorar el contenido. “Pasé de ser un estudiante reprobado a uno bueno,” comenta. “Todos hemos tenido esta experiencia con algo que aprendimos bien.”

Las redes de tutoría no son recientes. Vienen de una larga experiencia que incluye el desarrollo de proyectos comunitarios de salud, nutrición y medio ambiente. Aún tienen como meta involucrar a los padres de familia y a los miembros de la comunidad.

En la actualidad, el programa se enfoca en la enseñanza de herramientas y destrezas que permitan al alumno “aprender a aprender” de los textos. “Esto ha permitido llegar a todos los niveles,” comenta Cámara. “Hay que descubrir la intervención mínima en educación básica que es asequible a todos, capaz de aumentar al máximo la calidad y equidad del servicio”.

Para atender a las poblaciones estudiantiles más vulnerables, la eimle no solamente interviene en escuelas de bajo rendimiento académico sino en niños de la calle a través del programa Calle y Saberes en Movimiento y en niños migrantes con el programa Básica sin Fronteras. Además, se está desarrollando el Servicio de Asesoría Académica a la Escuela (SAAE) para fortalecer el papel del asesor técnico pedagógico como líder académico y están trabajando con los alumnos que desertan de la escuela entre primaria y secundaria en el programa Transición Primaria-Secundaria. A cada una de las líneas de acción de la eimle corresponde la formación de redes de tutoría a través de nodos estatales, regionales y escolares.

Se han construido mil 500 redes de tutoría personalizadas entre supervisores, asesores técnicos, docentes y alumnos para dominar temáticas complejas de matemáticas, de acuerdo con las pruebas estandarizadas. En el camino a la revolución educativa existen muchos desafíos. Construir una red de tutoría requeriría mucho más que capacitación. Las autoridades educativas, los directores y los maestros de las escuelas a los cuales atiende la eimle tienen preguntas y dudas importantes. Durante el encuentro entre Querétaro y Zacatecas, un maestro de Español de una secundaria técnica en Querétaro, Juan Manuel Chapol, quería saber cómo armar una red de tutoría durante los 50 minutos diarios asignados para su clase, especialmente cuando sus grupos contienen más de 40 alumnos cada uno.

Es el diálogo entre asesor y asesorado el que tiene la capacidad de promover el pensamiento creativo sobre las posibilidades que existen para mejorar el logro educativo en el aula. Chapol experimentó la metodología a través de una tutoría personalizada con un alumno de Zacatecas y platicó con asesores que se enfrentaron a los mismos desafíos que él al principio. Después de estos acercamientos, el maestro Chapol quedó convencido de la efectividad de este método.

“Se me ocurre el caso de una niña que se llama Daniela Michelle” dice cuando reflexiona sobre alumnos que tendrían interés en este método. “Tiene la inquietud de saber. Ella quiere tener una carrera universitaria. Iniciaría con ella. Que ella sea mi primera asesorada”.

Para proveer el tipo de apoyo y acompañamiento que recibió el maestro Chapol, los asesores de la eimle realizan 90 visitas mensuales a los nodos estatales, regionales y escolares. En dos años se han promovido 25 mil visitas realizadas por 2 mil 500 asesores técnicos pedagógicos a las 9 mil 72 escuelas, para organizar redes de tutoría que desarrollen competencias de aprendizaje autónomo, comprensión de lenguaje matemático y para focalizar sus acciones hacia la mejora del logro educativo. Del 24 al 27 de octubre, la eimle convocó a 226 integrantes de las redes de tutoría de 26 estados del país: 88 niñas y niños estudiantes, 47 docentes de grupo, 23 padres o madres de familia y 35 asesores técnicos pedagógicos para el Primer Festival de Aprendizajes Compartidos. Las fuerzas de la eimle en los últimos años contribuyeron a la disminución del porcentaje de matrícula calificado como “insuficiente” en las escuelas focalizadas al pasar de 59% en Español en 2009, a 45% en la misma asignatura en 2011 y de 71% en Matemáticas en 2009, a 51% en 2011.

Más indicativo que los datos quizás sea el ejemplo del maestro Carlos Córdova Serna, de Zacatecas. Su caso demuestra cómo este método contagia y modifica las actitudes de los maestros que la practican. Hace unos años, le tocó participar en un proyecto nuevo de comunidades de aprendizaje. Fue asesorado por un alumno en un problema de geometría. Su primera reacción fue pensar: “¿Cómo es que un alumno me va a asesorar? Yo soy el maestro”. Explicó que al principio el ejercicio se veía fácil, unos cálculos sencillos para sacar el área de una figura sombreada. Pero después de un rato, se dio cuenta de que era una figura irregular.

Quedó sorprendido.

“El alumno, con mucha paciencia, me mandó a consultar algunos libros para investigar. Su lenguaje matemático era fuerte. Confió en mí, era muy centrado y sus indicaciones eran muy precisas”. Córdova dijo que le preguntó al alumno de dónde sacó su seguridad para asesorar a un maestro, y el estudiante contestó: “Porque resolví este problema, lo resolví de diferentes maneras.

Le ayudo maestro, no se preocupe”. Córdova sintió vergüenza por haber dudado de la capacidad del alumno.

Añadió: “Decidí en ese momento que necesitaba aprender de él para poder enseñarles a mis alumnos mejor”. De maestro a maestro y de alumno a alumno, la red crece y la eimle facilita la revolución educativa.

 


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