1 octubre, 2015

El “catecismo histórico” de México y sus héroes de bronce

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En entrevista con az, el prolífico investigador nos habló de las versiones de la historia que todavía permanecen entre nosotros sobre la Revolución Mexicana.

Temas de conversación son también la relación inseparable entre historia y literatura, así como los nuevos proyectos y amores que impulsan su trabajo académico.
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Ángeles Luna (AL): En el México posrevolucionario, la historia que se enseñaba en las escuelas o en los libros era la de un México de héroes y villanos, el de una nación homogénea con un destino único e inalterable. Es lo que su maestro, Luis González y González, llamó la “historia de bronce”. Él mismo distinguió también la denominada “historia de hiel”, la de los agravios. ¿Podría hablarnos de estas dos visiones de la historia?

Jean Meyer (JM): La historia de bronce, tal como la definió Luis González con su gran sentido del humor, no ha desaparecido ni puede desaparecer porque lo que podemos llamar “catecismo histórico” es algo indispensable para el Estado nacional. Tan es así que Radio imer difunde aún cápsulas auditivas en el más puro estilo de la historia de bronce. Me tocó escuchar la cápsula dedicada a Morelos, “héroe de bronce”; parece una vida de santo, exactamente en el estilo de los folletos que antes elaboraba la Iglesia católica, en la serie de monitos Vidas ejemplares. Y cuando Morelos entra al Colegio San Nicolás de Valladolid (hoy Morelia) le toca como maestro Miguel Hidalgo y la voz nos informa que ambos comulgaban en su exigencia de justicia y libertad, igualdad e independencia… muchos años antes de 1810, cuando nadie pensaba en la Independencia.

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En cuanto a “la historia de hiel” —historia de los agravios— puede ser de dos tipos, de valor desigual: de tipo ideológico, sea de derecha o de izquierda, puede denunciar la dominación de los mexicas sobre los otros pueblos, antes de la conquista; la conquista misma; el liberalismo como el conservadurismo, tanto a los masones como a los curas, hasta nuestros días. La segunda, más interesante, rescata, con hiel o sin hiel —mejor sin hiel—, lo que don Miguel León-Portilla llama “la visión de los vencidos”.

AL: Su libro La Revolución mexicana es un texto imprescindible en los cursos de historia. Tenemos entendido que este trabajo aparece por primera vez en francés (1973) y en México se publica muchos años después (1991). Puede comentarnos ¿cómo surge su elaboración, cuál es su tesis central y qué fue lo que impidió su publicación en el país? ¿De esa primera interpretación a la fecha qué reexamen hace sobre la Revolución mexicana?

JM: Mi libro La Revolución mexicana fue un encargo que me confió el gran historiador francés François Chevalier, especialista en historia de México y América latina. Tenía el compromiso de escribir este libro para la editorial francesa Calmann-Lévy, en su colección “Las grandes olas revolucionarias”. Por sus ocupaciones (dirigía en Madrid la prestigiosa Casa de Velázquez, una institución francesa) me había confiado su clase en la Sorbona, precisamente sobre la Revolución mexicana. Por lo mismo, me pidió sustituirlo para el libro y la editorial aceptó. Lo pude escribir rápidamente porque tenía dos años dando esa clase y había terminado mi tesis sobre La Cristiada (publicada en México por Siglo xxi, precisamente a partir de 1973).

Fue una obra de juventud, con bastante “hiel”, escrita bajo la doble impresión de los sufrimientos del pueblo mexicano durante la Cristiada, y del 2 de octubre de 1968 que viví en México. Una crítica muy dura a los gobiernos de la Revolución. Sólo se salvan Madero y Cárdenas. Eso explica que el libro no haya encontrado editor en México, sino hasta 1991 en una editorial de oposición moderada, jus, entonces dirigida por don Juan Landerreche, un viejo y noble panista, de la línea liberal de Manuel Gómez Morín. Años después, la volvió a editar Tusquets.


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