El papel del docente universitario frente al sistema educativo (1a parte)

Captura de pantalla 2013-10-01 a las 14.19.59Resultan innegables los esfuerzos que realiza desde hace años la Organización de los Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) en pos de mejorar la calidad y el currículo escolar para impulsar el interés para carreras científicas y tecnológicas.

Prueba de la firme convicción de la OEI son las acciones desarrolladas en torno a ejes tales como formación, transferencia, promoción de la ciencia, tecnología e innovación, que nos han brindado a los docentes de diversas regiones de Iberoamérica la posibilidad de ser escuchados, capacitados, beneficiados, así como de impulsar la construcción de un espacio donde nuestra visión sea compartida con cientos de colegas: la Comunidad de Educadores para la Cultura Científica.

La confianza que me genera pertenecer desde 2009 a la comunidad liderada por la OEI, me alienta a expresar mi opinión como docente universitaria y, desde esta perspectiva, enunciar las necesidades que percibo en mi ámbito, sugiriendo ciertas líneas de acción que, creo, podrían emprenderse con éxito desde IBERCIENCIA para ayudar a morigerar los obstáculos en el tramo de educación superior, mismos que no implicarían un esfuerzo tal que distraiga el enfoque del instituto. Tal como propone la OEI en su programa Metas Educativas 2021, resulta necesario fortalecer la enseñanza de las ciencias y la matemática en los sistemas educativos de forma tal que exista un salto cualitativo y cuantitativo en la educación científica.

Captura de pantalla 2013-10-01 a las 14.20.14La educación es un sistema y es posible dividirlo estructuralmente en niveles inicial, medio y superior; sin embargo, no son compartimientos estancados desde lo funcional. Resulta un verdadero desafío para la educación superior hacerse cargo de la brecha que existe en todo el sistema educativo. Esta situación resulta obvia en los sistemas eléctricos, estructuralmente divididos en generación, trasmisión y distribución, pero funcionalmente indisociables. Somos clientes de la distribuidora local, pero si por falta de combustible, la empresa generadora no funciona, no tendremos suministro de energía en nuestros hogares, situados a cientos de kilómetros de una usina, de la cual ni siquiera somos clientes. Pese a que los sistemas pueden dividirse estructuralmente, no existen particiones desde lo funcional.

La realidad indica que tendremos cohortes de estudiantes con déficit de formación en educación científica en la universidad hasta que las acciones sobre la enseñanza en niveles primario y secundario se implementen íntegramente y den su fruto. Estos jóvenes tienen derecho a acceder y concluir su educación universitaria, ya que no son responsables de las condiciones que imperaban mientras ellos transitaban las primeras etapas del sistema educativo. Puesto que la universidad, y en especial sus docentes, tenemos la obligación de asistir a los alumnos, colaborar en su inserción en la vida académica y acompañarlos hasta lograr su titulación, me permito bosquejar algunos aspectos que me parece oportuno analizar.

Captura de pantalla 2013-10-01 a las 14.20.25Pese a que el logro es la inserción universitaria, numerosos estudios investigan las “causas de deserción” en las carreras, seguramente porque es el problema, lo que desvela por igual a docentes y autoridades universitarias.

Existen numerosos estudios sobre temas asociados al problema de “indivisibilidad funcional del sistema educativo, sus consecuencias e impacto en la eficiencia académica”; para transmitirles con mayor claridad las ideas de los especialistas, en adelante transcribiré en letra cursiva los términos extraídos de las investigaciones consultadas.

Una de las principales causas de deserción universitaria son las características actuales del alumnado universitario. Numerosos estudios identifican las posibles causas de deserción. Entre otros, González Fiegehen las clasifica en externas al sistema de educación superior, propias del sistema e institucionales, causas académicas y de carácter personal de los estudiantes. A partir de su análisis podemos inferir cierto perfil del alumnado actual que impacta directamente sobre la labor académica y las capacidades que necesita desarrollar el docente de cara a la diversidad descrita como: heterogeneidad del estudiantado, incremento de la matrícula de quintiles de menores ingresos que requieren mayor apoyo, carencia de preparación para el aprendizaje y reflexión autónoma, insuficiente formación académica previa, el escaso nivel de aprendizaje adquirido. Por otra parte años de falta de apoyo y orientación sufrida por los profesores han impactado en nuestra preparación, la cual resulta insuficiente para enfrentar a la población estudiantil que actualmente ingresa a las universidades. Pese a lo cual, continuamos frente a estos nuevos alumnos y en alguna medida somos sus referentes. Frente a esta realidad resultan muy provechosas las acciones emprendidas por organismos como la oei, que apoyan nuestro papel docente y generan ámbitos para el diálogo que nos permiten aclarar en qué aspectos podemos influir y en cuáles no.

La deserción universitaria puede revertirse. Un aporte original del trabajo de Fiegehen es la introducción del término eficiencia de titulación o eficiencia académica, definido como la proporción de estudiantes que se titula en un año en comparación con los que ingresan en el año correspondiente a la duración de las carreras. Su enfoque optimista postula que resulta obvio que la calidad del desertor universitario es de por sí transitoria, y puede revertirse siempre que el individuo decida hacerlo, en la medida que no haya impedimento alguno para retomar los estudios abandonados en algún momento, lo cual resulta alentador para América Latina donde en 2005 menos de 20% de los adultos mayores de 25 años ingresó a la universidad y menos de 10% completó sus estudios. Si los docentes aceptamos esta realidad tendremos otra perspectiva desde la cual comprender los problemas y debilidades de los estudiantes.

 

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