Educación AZ
11 enero, 2019

La reforma estructural del sistema educativo #España

 

Hay, al menos, tres razones que exigen tomarse de una vez en serio la reforma del sistema educativo español: una tasa de desempleo juvenil inaceptable, que supera el 35%; la deficiente productividad de nuestra economía y la automatización que sustituirá en los próximos veinte años uno de cada cinco empleos que hoy conocemos y que incidirá, especialmente, en aquellos para los que se requiere menor cualificación.

Y, en contraste con estas incontestables realidades, las encuestas nos dicen que los españoles situamos la educación en el octavo lugar de nuestras preocupaciones; los partidos políticos no han acordado una sola de las siete reformas educativas de los últimos cuarenta años de democracia; las fuerzas sociales y los expertos no han sido capaces de converger en un proyecto transformador y la universidad se sigue rigiendo, en buena medida, por la ley de 1983 que sirvió entonces para el nacimiento de una universidad democrática pero que resulta totalmente inadecuada para las necesidades de hoy.

No podemos pasarnos la próxima década -como llevamos las últimas cuatro- añorando una formación profesional eficaz o paralizados ante nuestros índices de fracaso escolar. No podemos permanecer adormecidos ante la ausencia de una autonomía universitaria real, ante un sistema de gobierno de las universidades que simplemente impide la gestión, ante un sistema curricular ajeno a las exigencias básicas del mercado de trabajo. No podemos asumir como país que somos incapaces de conseguir estos objetivos, no siempre fáciles, pero en ningún modo inalcanzables

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