Administración del deporte y salud

Por: Armando Cabrera Medina* y Fernando Hernández López**
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Desde el marco de la administración, la atención al deporte provoca una inquietud entre los especialistas cuando las ciencias administrativas dedican mayor cuidado a las empresas tradicionales, marginando a un grupo importante de organizaciones no empresariales como las instituciones educativas, centros sociales y organismos deportivos. Como efecto colateral, la situación se hace incierta para la población, por no contar con un aparato cuya función específica module acciones destinadas al deporte y al bienestar social.

Ante esta situación, es necesario establecer mecanismos de administración que generen planes y programas encaminados a desarrollar actividades deportivas para la población, a partir de las políticas de acción de las autoridades municipales y estatales en turno, con el firme propósito de crear una cultura física en los individuos, sin costo alguno.

Con esta perspectiva, la planeación de la administración y gestión estratégica deportiva –bajo la forma de servir a la sociedad en un nuevo esquema social y cultural– debe implicar, como eje cardinal de sus propósitos, la creación de hábitos y destrezas, así como la organización de actividades que conlleven a los individuos a desempeñar acciones encaminadas al mejoramiento físico y mental, a través de ejercicios que generen satisfacciones desde los estímulos afectivos dentro de la sociedad. Así, en la Planificación Deportiva Municipal se unificarán los niveles de la perspectiva empresarial (Objetivos hasta concreción de Planes), la perspectiva local (Planes hasta productos) y la perspectiva sociocultural (Dimensión Psicológica hasta Desarrollo y cambio social), sin olvidar la evaluación de necesidades específicas y diferenciar, en cada una de las fases, sus demandas, ya que afectan implícitamente a diferentes contextos, desde el Político hasta el Ciudadano, pasando por el Técnico.

Desde este cuadro organizacional, los servicios que se planean –se controlan y vigilan a su vez– para el bienestar social, estarán dirigidos a promover los aspectos de la salud por medio de las actividades físicas y, por su naturaleza, a prevenir enfermedades o complicaciones consecuentes de la edad, con la finalidad de elevar el nivel de calidad de vida de la población. La salud como derecho humano, adquiere implicaciones conceptuales que van más allá de la intencionalidad u objetivo programático, para convertirse en acciones explícitas en favor de un estado de bienestar y equilibrio del individuo con relación a sí mismo y con la sociedad (Montiel, 25). Lo sustancial de este derecho se corresponde con la garantía y las expectativas de la vida del hombre, para que éste encuentre las posibilidades de elevar su autoestima y escale niveles de superioridad personal, a través del ámbito formal que el Estado le proporcione (26). El cumplimiento de esta ambientación refrenda el ejercicio de organizar programas con el marco legal de crear las condiciones adecuadas para el desarrollo del deporte, en estructura y medios, bajo la dirección y vigilancia de especialistas en la disciplina. Este es el sentido que tienen los programas y proyectos a partir de la administración deportiva, los cuales están sustentados en los lineamientos del programa de Educación para la salud, cuyos rubros se dirigen a la formación de hábitos higiénicos, orientación alimentaria, ocupación creativa y productiva del tiempo libre, conocimiento de los factores de riesgo sobre la salud individual y familiar, así como el control de padecimientos. Su dinámica implica la responsabilidad de la población y el compromiso que adquiere sobre la conservación de su salud, al adoptar renovados estilos de vida y acciones que prevengan enfermedades susceptibles de adquirir. La noción de salud se reconoce así como un derecho y, al mismo tiempo, como un elemento inherente en la conciencia de las personas (33).

De esta forma, la atención a la salud –que no solo es prevenir y tratar enfermedades– se integra a los proyectos y programas de actividades físicas desde el momento de crear una ficha historial del desarrollo físico, social y emocional de cada persona, para conocer su condición psicosociocorporal y las posibilidades y limitaciones que tiene para programar su actividad física: tiempos, dosis, ritmos, intensidad, duración. Esto es, permitir a quienes realizan actividades deportivas, identificar tempranamente su estatus orgánico-funcional y sus restricciones, para elaborar estrategias planificadas y periodizadas de entrenamiento deportivo, con el sentido de responsabilidad participativa y el compromiso del cuidado y conservación de la salud desde su propio conocimiento. La participación de la comunidad representa así, la opción más saludable sobre el devenir de su existencia, principalmente al conocer los factores de riesgo y las formas de prevenir sus efectos (52).

Los mayores beneficios saludables al hacer ejercicio, sostienen Sallis y McKenzi, se obtienen al mutar el sedentarismo por la actividad física planeada (Devís 33), disminuyendo simultáneamente, los niveles de riesgo sobre enfermedades potenciales en una población expuesta a factores ambientales donde la contaminación, el ruido tecnológico y la temperatura atmosférica agresiva pueden provocar estrés emocional y afectaciones orgánicas sobre los sistemas cardiopulmonar y musculoesquelético principalmente (sin omitir a los sistemas orgánicos restantes).

La relación ejercicio físico-salud es innegable por la función que cumple este binomio, toda vez que esté debidamente planeado y administrado previamente; de él se desprende la contribución al bienestar de la persona y al desarrollo de sus capacidades físicas, favoreciendo así al mejoramiento de su desempeño cotidiano y a su estatus psicológico desde el aprecio positivo de su imagen corporal (48).

La Educación para la salud representa, en este marco de colaboración, un elemento primordial al combinarse con la Educación para el ejercicio deportivo en un programa coherente que mire, con la administración pertinente y adecuadamente elaborada, hacia la construcción de una “cultura para salud”, y por efecto, hacia un renovado estilo de vida con todos sus satisfactores y variantes, que a corto plazo conlleve a mejores desempeños en las actividades que realiza el individuo. Con este sentido, estamos de acuerdo con Sartre cuando refiere que los seres humanos aspiramos, no aun destino, sino a una historia personal, es decir, a ejercer cierto control sobre nuestra vida (Ortiz Monasterio 173).

Referencias

Devís Devís, José y Peiró Velert, Carmen (1992). Nuevas perspectiva curriculares en Educación Física: Salud y los juegos modificados, INDE Publicaciones, Barcelona.
Gutiérrez Ibarra, Ramírez Barajas (1991). Planificación y Periodización del Entrenamiento Deportivo, Ed. Ciencia y Cultura Deportiva, México.
Montiel Romero, Lucía (2011). “La salud en México: una perspectiva de Derechos Humanos”, en Cuadernos de Derechos Humanos, UIA Puebla, México.
Münch Galindo y García Méndez (2008). Fundamentos de la Administración, Edit. Trillas, México.
Ortiz Monasterio, Xavier (2004). Para ser humano, Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C., México.
Paris Roche, Fernando (2005). La Planificación Estratégica, Ed. Paidotribo, Barcelona.

Foto: Cuartoscuro

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