Ciencia y Tecnología
10 diciembre, 2018

“No me deben de creer porque tengo un premio Nobel”: La transformación de la enseñanza planteada por Carl E. Wieman, premio Nobel de Física

La experiencia personal de este destacado científico y académico le ha llevado a resolver algunas de sus mayores dudas y problemas como docente: ¿Cómo ayudar a que los alumnos piensen como un científico? ¿Cómo aprenden a tener un pensamiento complejo? Sus alumnos no podían hacer una investigación hasta que trabajaron con su método.

 

“No me deben de creer porque tengo un premio Nobel, sino por los datos de mi investigación y de mi equipo”

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Estudios directos en el aula

Su proyecto o investigación tuvo como muestra, en una fase beta, un curso introductorio a la Física. En uno se puso frente a grupo a un instructor “tradicional”, con mucha experiencia en la materia; el otro estuvo a cargo de un maestro novato, pero con conocimiento de los métodos de investigación que él promueve. La comparación controlada reveló que el aprendizaje especializado tradicional funciona enfocando los esfuerzos en el contenido y el currículum, mientras que en el nuevo método, el proceso de educación transforma los cerebros de los jóvenes mediante la experiencia educativa inclusiva.

Este cambio responde a un tipo de pensamiento intensivo. Es decir, crea una especie de nuevo cableado en el cerebro y hace que los alumnos sean más receptivos al proceso de aprendizaje. Se cambia la forma en la que funciona el cerebro del alumno mediante procesos comunes a los campos de la psicología y neurociencia.

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60 de las mejores universidades de Estados Unidos han lanzado iniciativas similares para mejorar las enseñanzas de ciencia y tecnologías. Esto significa que las instituciones de educación superior son conscientes de estos principios de logro educativo.

Los alumnos comienzan a ser capaces de tomar decisiones y actuar en relación con sus circunstancias para mejorar su entorno inmediato y las características de su proceso académico.

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Se trata de fomentar un pensamiento experto en el que además de tener mucho conocimiento de su materia, organizan su pensamiento de tal forma que lo aprendido se vuelve más eficiente para resolver problemas específicos.

De esta forma, el científico puede monitorear su propio pensamiento y es capaz de tomar una pausa y evaluar si su aproximación al problema promete avances o debe replantearlo desde otro enfoque.

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Aprender a pensar así es equivalente a ejercitar un músculo hasta que el cuerpo se acostumbre a actuar de esta nueva manera de forma natural. Se requiere una práctica de pensamiento con una retroalimentación oportuna y específica (el maestro), disciplina en el conocimiento específico que derive en la toma de decisiones para resolver un problema, filtrar la información en relevante e irrelevante, elegir un enfoque apropiado, y finalmente ser capaz de determinar si su solución tiene, o no, sentido.

La mayor diferencia con el método tradicional es que el alumno descubre la solución por sí mismo y no se le da previamente, y luego se le explica cómo se llegó a esa meta, paso por paso. En este caso el alumno toma decisiones y resuelve por sí mismo. Su aprendizaje resultará significativo, el pensamiento disciplinario quedará grabado por la motivación misma de su logro y de esta forma su cerebro quedará transformado de forma definitiva.

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