De la clase invertida a la Educación patas arriba

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Uno de los debates que se vienen dando en educación es sobre la conveniencia, o no, de estimular el autoaprendizaje a partir de las posibilidades que ofrecen las nuevas TIC. Las preguntas que necesariamente surgen, tienen que ver con sus potencialidades, su eficacia y con el nuevo rol de la escuela y de todos quienes la hacemos.

Cada año, cuando noto que la atención de mis alumnos se debilita, les digo que en cualquier libro de Matemática podrán encontrar el tema que estoy explicando, e incluso un sinfín que ignoro. Pero que la traducción de aquello tiene lugar en clase. Los profesores somos, a mi entender, necesarios traductores del Saber Sabio, como lo llama Chevallard. En esa tarea sabemos qué cuestiones resultan más engorrosas y nos anticiparnos al error para trabajar sobre él. Entonces, ¿cómo conjugar esto con el autoaprendizaje?, ¿debemos optar por un modo de aprendizaje o pueden convivir ambos?, y en ese caso ¿cómo?

Hasta ahora y en general, la enseñanza se da en dos momentos y lugares bien definidos: el primero en clase, donde el docente ofrece el conocimiento, y el segundo en sus casas, donde se pretende que lo asimilen con su aplicación. De este modo, la traducción queda bastante limitada.

El Flipped Learning, o clase invertida como la llamaré en adelante, viene a alterar lugares. Propone que los alumnos se informen en casa, mediante presentaciones visuales elaboradas por sus docentes, para luego en clase practicar, preguntar y discutir sobre aquello. De algún modo, parece dar respuesta al debate actual sobre el autoaprendizaje pero sin desechar la figura del docente, el traductor. Indudablemente el éxito de su aplicación dependerá del contexto, de las características del alumnado, del empleo de otras estrategias, y de la capacidad del profesor para guiar clases que rompen con el modelo tradicional.

Aunque me he animado a implementar la clase invertida recientemente, y sólo en un curso, pude detectar algunas ventajas:

Mayor interés de los alumnos (quizás por lo novedoso del método)
Clases más relajadas: el esquema físico del aula se transforma en un ambiente de trabajo grupal que, incluso, llevamos al patio.
Avance académico de los alumnos más rezagados (según ellos por la posibilidad de acceder a las explicaciones todas las veces que les son necesarias).
Mayor disponibilidad de tiempo para la discusión y el planteo de ejemplos más complejos.
Aumento de la interacción entre pares y con el docente.
Cambio en la percepción del otro: el habitual rezagado ahora es visto como alguien que puede aportar conocimiento.

Mg. Daniela Palacio. Buenos Aires, Argentina.

Consulta el artículo completo en: Redesib.formacionub.org

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