Del mérito a la inclusión: una oportunidad para repensar la educación superior en México

cropped-anuies

El candidato presidencial de la coalición “Juntos Haremos Historia” —Andrés Manuel López Obrador— propuso recientemente dos medidas que han despertado suspicacias en diversos sectores: ingreso a todos los egresados de la educación media superior a la educación superior, y la no realización de exámenes de ingreso. Algunas suspicacias suben a alarmas que considero exageradas. Hay modelos en otros países donde sucede lo que ha propuesto el candidato sin las catástrofes que anuncian. Por eso, creo que es importante enmarcar la discusión sobre esta propuesta en dos cuestiones de fondo: la orientación pública del sistema de educación superior en México y los problemas de implementación.

En México, al igual que en la educación media superior, tenemos un sistema diverso y desorganizado de educación superior. Según datos de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), en México hay 950 Instituciones de Educación Superior (IES) públicas, además de una amplia constelación de IES privadas (2,103). Para el ciclo 2016-2017, las IES públicas tenían el 66.46% de la matrícula nacional de educación superior, en un país con una cobertura de 37.3% en 2015 (según el banco de datos del Institute for Statistics de la Unesco) de las personas jóvenes en edad típica para estudiar. Esto es bajo en comparación con otras regiones del mundo; por ejemplo, en América Latina y el Caribe la cobertura promedio de este nivel educativo alcanza el 44.4% y claramente estamos por debajo de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que tiene un promedio de 74.7%. En suma, tenemos un sistema público que, aunque es el dominante en oferta pública de educación superior, sigue siendo altamente segmentado e insuficiente para las necesidades de cobertura esperadas al menos para la región.

Sumado a estas condiciones generales, en nuestro país se ha preferido un sistema de asignación de la oferta de la educación superior basada en un sistema de selección mediante subsistemas de aplicación de exámenes de ingreso estandarizados, generalmente enfocados en conocimientos generales. Aunque la UNAM y otras IES usan exámenes propios, la mayor parte de estos exámenes es el EXANI (Examen Nacional de Ingreso) II, diseñado y aplicado por el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (Ceneval). Este sistema tiene cuatro problemas principales que enuncio a continuación.

En primer lugar, aunque los exámenes estandarizados nos permiten saber de ciertos grados de aprendizaje y de adquisición de conocimientos (memoria), claramente estos no pueden revelar muchas cosas que creemos suficientes para determinar qué tipo de estudiante se espera. Al revisar los exámenes de Ceneval y PISA, Ángel Díaz Barrigaencontró que los de Ceneval, aunque sí miden aprendizajes, están diseñados para resolver problemas académicos sin un propósito claro. Es decir, lo que están haciendo las universidades para asignar lugares en sus salones mediante estas pruebas es utilizar un criterio académico poco claro. Sobre todo, hay que tener en cuenta que, con la diversidad de programas de estudio de licenciatura, estos exámenes hacen mediciones iguales para dar acceso a personas con intereses diferentes.

Consulta la nota completa en: Nexos.com.mx

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *