Inteligencias múltiples: historia, claves y críticas

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La teoría de las inteligencias múltiples que popularizó el psicólogo estadounidense Howard Gardner es objeto de críticas y alabanzas a partes iguales.

Gardner plasmó todos los conceptos que constituyen esta teoría en el libro Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences (originalmente publicado en el año 1983). Propone, en resumidas cuentas, que la inteligencia humana no es unitaria, sino que consta de un total de siete “inteligencias” relativamente independientes entre sí: lógico-matemática, musical, lingüística, corporal, espacial, interpersonal e intrapersonal. Posteriormente sugirió la existencia de otras que se podrían añadir a este listado.

Sin embargo, es una teoría que suscita pasiones y opiniones encontradas no solo en el ámbito académico sino también entre los profesionales de la educación, como pedagogos y maestros, porque inaugura un nuevo paradigma para estudiar y comprender algo tan complejo como la inteligencia, y cómo esta se manifiesta. Por supuesto, el modo en que entendemos las capacidades intelectuales y cognitivas es la base fundamental sobre la que posteriormente, como sociedad, construimos instituciones que tratan de desarrollarlas para que sean útiles.

La confusa definición de “inteligencia”

La conceptualización de lo que es la inteligencia ha venido generado uno de los debates más vivos entre los círculos académicos relacionados con la psicología (lo cual es decir mucho). Las definiciones de inteligencia suelen retratarla como la capacidad mental relacionada con la solución de problemas novedosos en los que es necesario trazar estrategias rápidamente, aprender de la experiencia en el mínimo número de ensayos posible o razonar a partir de conceptos complejos y abstractos. Sin embargo, en la propia imagen de la inteligencia como algo cambiante y adaptable en tiempo real a las novedades que vayan ocurriendo está el problema a la hora de definirla.

La inteligencia se expresa a partir de los retos en los que nos enfrentamos a nuevas situaciones; no es en sí la acumulación de conocimientos, sino el modo en el que estos se utilizan, y por lo tanto huye de los aprioris. Eso lo vuelve un constructo científico nebuloso, porque darle una definición muy clarificadora y exhaustiva iría en contra de la lógica de lo que se supone que es y el modo en el que se materializa a través de la adaptación as situaciones novedosas y originales. Pasa algo parecido con la definición de lo que es el arte, pero con la diferencia de que este concepto no es deudor de las ciencias naturales.

El papel de los test de inteligencia y el CI

Puede que la definición de lo que es la inteligencia no esté clara, pero ha servido para dar nacimiento a una de las herramientas más útiles y utilizadas en psicología: los test estandarizados de inteligencia. Se ha demostrado que las puntuaciones obtenidas a través de estos test están fuertemente correlacionados con el nivel de salud y longevidad [1], además de ser un predictor de las posibilidades de labrarse una carrera profesional exitosa [2], lo cual ha contribuido a hacer que se utilicen estos medidores tanto en contextos educativos como en aquellos que tienen que ver con los procesos de selección  de personal en las organizaciones.

La crítica al razonamiento circular

Ahora bien, la utilidad de estos test no ha hecho que hayan desaparecido las críticas hacia la noción de inteligencia que representan. Se ha argumentado que las puntuaciones obtenidas en las pruebas presentadas en ellos no tiene por qué ser un reflejo de lo que es realmente la inteligencia y que se peca de reduccionismo al equiparar ese número con el grado en el que la inteligencia está presente en la persona.

Desde esta perspectiva, los test de inteligencia no serían válidos, al medir algo que no tiene por qué ser la inteligencia en todos sus niveles de expresión y al proponer limitaciones arbitrarias a la hora de medirla. Además, como la definición de lo que es la inteligencia es endeble, creerse demasiado estos test podría suponer caer en el razonamiento circular de creer que la inteligencia es básicamente la puntuación obtenida en el test de inteligencia, lo cual dejaría sin alternativas a la hora de poner a prueba la validez de esta herramienta.

Las inteligencias múltiples: un enfoque más amplio

La teoría de las inteligencias múltiples aparece en parte para dar respuesta a esta problemática y se presenta como una alternativa al reduccionismo abriendo mucho más el abanico de posibilidades de lo que podría ser la inteligencia.

Si la concepción de la inteligencia como algo unificado (que tiene su estandarte en el factor G desarrollado en un inicio por Charles Spearman) goza de un nivel de aceptación que la ha situado en el núcleo de la psicología mainstream durante años, Gardner propone una idea mucho más amplia mediante la cual se podría dar una aproximación más completa al concepto de inteligencia. Así, Gardner enfatiza la necesidad de valorar las múltiples facetas de aquello que nos hace inteligentes.

Lo que se puede esperar de un constructo científico

Pero una cosa es criticar la falta de variedad en los métodos de medición de inteligencia y otra es proponer toda una teoría de inteligencias múltiples. Ya que el concepto de inteligencia unitaria es un constructo científico, cualquier cosa que pretenda ser una alternativa a ella debería ser, también, un constructo científico. Es decir, que no puede ser un conjunto de nuevos nombres y etiquetas para definir distintas habilidades que podríamos identificar a partir de una mezcla de sentido común y criterios subjetivos, sino que debe reflejar una parte hasta ahora desconocida de la naturaleza (en este caso, del cuerpo humano en interacción con el entorno) y, por otro lado, tiene que poder ser puesta a prueba a través de la investigación científica y, si se da el caso, descartada por no ser útil para explicar la realidad.

¿Cumple la teoría de las inteligencias múltiples  con este requisito? A medias. Gardner no se ha mostrado muy entusiasta a la hora de concretar la naturaleza de cada una de las inteligencias que ha propuesto, y deja su definición bastante abierta, lo cual significa que no se pueden traducir bien operacionalmente para crear herramientas de medición que, para él, sean más exhaustivas que los test de CI usados normalmente.

Las críticas a las inteligencias múltiples

Uno de los pocos puntos en los que la teoría de las inteligencias múltiples  permite la posibilidad de ser criticada basándose en evidencias objetivas es en su planteamiento sobre el modo en el que estas se organizan. En el marco de esta teoría, decir que existe, por ejemplo, una inteligencia musical es mucho más que decir simplemente que existen habilidades cognitivas que intervienen en la percepción y producción de patrones musicales. Implica huir de la perogrullada y afirmar que existe una inteligencia musical análoga a, por ejemplo, la lógico-matemática, y que por lo tanto ni está subordinada a ella ni, esencialmente, depende de ella en absoluto.

Es por eso que lo que caracteriza esta teoría no es en sí la idea de que la inteligencia puede expresarse de muchas formas y manifestarse a través de un abanico de conductas muy amplio, sino la explicación que da sobre la relación que estas “inteligencias” guardan entre sí. La idea de que las inteligencias son independientes entre ellas puede dar paso a hipótesis que pueden ser contrastadas con la realidad.

Sin embargo, las investigaciones realizadas en este sentido dejan en mal lugar la teoría de las inteligencias múltiples y refuerzan el constructo del factor G. Se ha comprobado a lo largo de múltiples investigaciones que hay una alta correlación positiva entre las puntuaciones obtenidas en varias posibles inteligencias, lo cual es justo lo contrario de lo que cabría esperar si las hipótesis de Gardner fuesen ciertas [3].

Además, se ha visto que a la hora de realizar tareas relacionadas con los distintos tipos de inteligencia se utilizan básicamente las mismas áreas del lóbulo frontal, lo cual significa que detrás de cada uno de los hipotetizados tipos de inteligencia no hay partes del cerebro distintas y bien diferenciadas entre sí [4]. Si existieran varias inteligencias relativamente autónomas entre ellas sería esperable encontrar mucha variabilidad en los resultados obtenidos en las mediciones, por lo que lo esperable sería que en la población hubiese muchas diferencias, pero no es así.

Conclusiones

¿Por qué no se ve inteligencia en el desempeño de tareas que exijan coordinación de diferentes partes del cuerpo y ser rápido a la hora de aprender nuevas coreografías? ¿Y en aquellas en las que el objetivo sea detectar patrones musicales en una pared de sonidos? Estas son preguntas totalmente legítimas que propuestas como la de Howard Gardner sitúan en el punto de mira, y es ahí donde está, ahora mismo, el principal valor de la teoría de las inteligencias múltiples.

Sin embargo, no se puede pasar por alto que esta teoría no tiene prácticamente evidencias empíricas que lo respalden. Parece que parte de la popularidad de las inteligencias múltiples se debe más al wishful thinking y a la mentalidad buenista reflejada en ese tipo de frases positivas y optimistas que equiparan la inteligencia a cualquier fuente de potencial humano. A fin de cuentas, si existen muchas inteligencias no tiene sentido creer que hay personas poco inteligentes de por sí, porque no habría un solo marco de referencia para comparar entre personas.

Así pues, la teoría de las inteligencias múltiples es más una fuerza inspiradora que una alternativa científica firme. Lo que queda a partir de ahí es construir una propuesta científicamente constructiva, y esta vez sí, con evidencias suficientes que la respalden.

Autores: Bertrand Regader y Adrián Triglia

Referencias bibliográficas.

[1] Deary, I. J. (2009). Intelligence, health and death: The emerging field of cognitive epidemiology. Intelligence, 37(6), pp. 517 – 519.

[2] Firkowska-Mankiewicz, A., & Słomczyńska, J. (2002). Intelligence (IQ) as a Predictor of Life Success. International Journal of Sociology, 32(3), 25-43. Disponible en: http://www.jstor.org/stable/20628656

[3] Carroll, J. 1993. Human cognitive abilities: A survey of factor-analytic studies. Cambridge, UK: Cambridge University Press, citado en Geake, John (2008). “Neuromythologies in education”.Educational Research. 50(2), pp. 123 – 133.

[4] Duncan, J. 2001. An adaptive coding model of neural function in prefrontal cortex. Nature Reviews Neuroscience, 2(11), pp. 820 – 829.

2 thoughts on “Inteligencias múltiples: historia, claves y críticas

  1. Hola! Estoy realizando el trabajo de fin de carrera y vuestro articulo me ha sido muy útil. Querría saber, si es posible, cual es la fecha de la publicación del artículo.
    Muchas gracias.

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