Machama, exposición de Adelia Sayeg en el Museo Anahuacalli

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Machama significa amada abuela / anciana sabia.

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Una ofrenda y un homenaje al linaje femenino, ver lo femenino como algo sagrado. Se trata de una ofrenda a 7 generaciones de la familia de Adelia Sayeg. En total 127 mujeres. Cada pieza le da voz a esas mujeres.

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La instalación en el museo Museo Anahuacalli es un esfuerzo para hacer conciencia de que somos intemporales. En las piezas se muestra que se puede envejecer con alma.

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Abundan en las piezas símbolos de feminidad: Agua, luna, triángulo invertido, tambor, sangre, rojo, semillas, tierra, conchas, senos, vulvas, senos, vientres.

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Diego Rivera estuvo siempre rodeado de mujeres. Las amaba y ellas lo amaban a él. Admiraba en ellas el poder de la fertilidad y la sabiduría femenina, y esta atracción impregna la colección que abrigó dentro del Anahuacalli.

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La “pirámide” —como muchos lo nombran— es una construcción moderna a imagen de las ruinas prehispánicas.

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Manufacturado en piedra para contener piedra -el arte y los artefactos de civilizaciones antiguas-, el Anahuacalli también se inspira en las maquinarias del desarrollo industrial y en la estética del funcionalismo de la primera mitad del siglo XX.

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Este edificio, de estructura tan masculina, pero entrañas femeninas, es el marco ideal para albergar la obra de Adelia Sayeg.

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Como lo hace el Anahuacalli, las piezas de Adelia transitan entre lo vegetal y lo mineral. Diego, como Adelia, es un observador minucioso y obsesivo de la naturaleza. Ambos creadores incansables, trabajan febrilmente con una profusión de elementos que también se observa en cerámica tan antigua como la de pastillaje teotihuacano.

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Las piezas de Adelia bien pueden ser vestigios de un pueblo de amazonas o los utensilios de una matrona que acarrea agua en un paisaje desértico y apocalíptico.

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Casi restos arqueológicos del futuro, su cerámica es herramienta para mostrar la belleza de la ruina y el derrumbe. Esta muestra constituye, asimismo, un lugar: las piezas también son paisajes, laberintos, ofrendas, ciudades en miniatura llenas de elementos colgantes, fuerzas en constante movimiento, engranajes, pesos y contrapesos.

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La obra de Adelia juega con el equilibrio. Piezas con entrañas quebradas, abiertas, de desbordante sexualidad femenina: telas, conchas, semillas, triángulos invertidos, gotas, lunas, tambores, pechos. La obra de Adelia Sayeg recrea la dualidad en la que creían nuestros antepasados y le devuelve a la naturaleza su sentido sagrado.

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Machama (anciana sabia) no sólo es un homenaje a las mujeres vigorosas en el árbol genealógico de la artista, sino una ofrenda a lo femenino, a la sabiduría ancestral de las mujeres, que empodera no sólo a las abuelas de su familia, sino a las de un linaje universal.

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Machama recrea la dualidad en la que creían nuestros antepasados y de la que, también, Diego se nutrió.

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Machama

Adelia Sayeg

Museo Diego Rivera Anahuacalli

Fotos: Gil del Valle

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