¿Por qué no innovamos los docentes?

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Podríamos contestar a esta cuestión con el clásico concepto de la “zona de confort”.
Que si estamos cómodos con lo que llevamos haciendo toda la vida, que si lo tradicional sigue funcionando muy bien, que si somos magníficos profesionales… Sin embargo, entiendo que la falta de innovación de muchos docentes radica en la falta de tiempo y estabilidad profesional.

La escasez de tiempo es una constante de cualquier profesor que necesita muchas horas para llevar a cabo proyectos nuevos, programar las clases, reflexionar, coordinarse con los compañeros, evaluar, leer sobre temas educativos… Sin más tiempo disponible muchas propuestas quedan pospuestas indefinidamente a la espera de tiempos mejores. Conozco demasiados profesores que no se pueden permitir ningún confort porque el trabajo les sale por las orejas y deben priorizar la atención a sus alumnos sobre otros menesteres.

La manía de la administración educativa de proceder a cambios constantes, más de fondo que de forma, exigiendo nuevos títulos a los docentes o formación obligatoria e instando a presentar actividades “extraordinarias” para parecer que avanzamos, no hace más que restar tiempo a nuestra práctica profesional. Necesitamos más estabilidad y flexibilidad en la normativa, menos horas lectivas y más horas exclusivas en el centro para trabajar y formarnos junto a los compañeros. En caso contrario, seguiremos -a la larga- dando la razón a todos aquellos profesores que conviven únicamente con su libro de texto y el examen final de toda la vida.

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