Educación AZ
22 abril, 2019

De la coeducación a la pedagogía feminista

Proponemos una educación que, a partir del marco ideológico transfeminista, cuestione el binarismo, el esencialismo y la propia pedagogía como herramienta. Intentaremos desplazar el eje para llevarlo más allá del concepto de normalidad, incluyendo en la práctica cotidiana transgresión, conflicto e incomodidad.

Hace mucho tiempo que las feministas entendimos la relevancia de trabajar a favor de la igualdad en las aulas, y es que es de justicia recordar que muchas militantes feministas han pertenecido al ámbito educativo. Quienes nos preceden llamaron a esta iniciativa coeducación, simple y llanamente porque la palabra FEMINISMO, aun cuando hoy podamos incluso llevarla impresa en una camiseta de Inditex, ha estado satanizada durante mucho tiempo. Y aunque la coeducación ha probado ser una herramienta clave en nuestra lucha, ha llegado el momento de dar el siguiente paso.

Este nuevo reto ha sido denominado Pedagogía feminista. Obviamente, resulta difícil resumir aquí lo que es una práctica pedagógica incipiente y desafiante, pero en la medida de lo posible intentaré dar unas pinceladas del marco hacia el que creo debemos trabajar.

La pedagogía feminista suele enmarcarse dentro de la teoría queer, aunque sería más pertinente usar el término transfeminismo, por ser esta la forma que lo relacionado con lo queer ha tomado en nuestro contexto y militancia. Habrá quien diga que son términos distintos e incluso quien aporte otros para un marco teórico similar. No me detendré en este aspecto, pero sí me parece relevante mencionar que algunos términos han sido usados con más acierto que otros. Tal es el caso del término postfeminismo, que debido a su prefijo resulta poco productivo. Pareciera que lo que emprendemos es fruto de una fase superada, aunque en mi opinión es más bien lo contrario, no destruimos lo viejo para crear algo nuevo, bebemos de lo que nuestras antecesoras hicieron y evolucionamos desde ahí. Y es que ya va siendo hora de que las mujeres alteremos el destino impuesto de Penélope, dejemos de tejer de día para destejer de noche, urge comprender que sin genealogía estamos condenadas a empezar siempre de cero.

Nuestra propuesta no es tarea fácil, ya que nuestro marco teórico busca repensar conceptos que están profundamente encarnados, nos aventuraremos a cuestionar, entre otros, el binarismo, el esencialismo y la propia pedagogía como herramienta. Intentaremos desplazar el eje para llevarlo más allá del concepto de normalidad, con el fin de generar una pedagogía que, en la práctica cotidiana, incluya transgresión, conflicto e incomodidad.

Es imprescindible echar la vista atrás para ver en qué se diferencia nuestra propuesta de la coeducación. Los orígenes de lo que hoy llamamos coeducación suelen situarse en la década de los setenta, en el contexto del feminismo radical. Aunque las mujeres siempre podemos buscar referentes más antiguos; Safo, Hipatia o la misma Simone de Beauvoir, cuya premisa sostiene que la educación es uno de los agentes que nos hacen llegar a ser mujeres. Esta sería en esencia la reflexión que da pie a la coeducación, que busca transformar el currículo para conseguir una igualdad tanto formal como real.

Consulta la nota completa en: Pikara Magazine


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