Educación AZ
26 noviembre, 2018

Formación docente para prevenir el acoso escolar, ¿una estrategia suficiente?

Mensajes amenazadores por WhatsApp, alumnos que se ríen de un compañero y le golpean en el patio, lo aíslan e ignoran… Las dudas que pueden asaltar al profesor ante el escenario de un posible acoso escolar son múltiples. ¿Se trata de un suceso puntual o es acoso escolar? ¿Cómo puedo saber que un alumno está siendo acosado digitalmente? ¿Cómo debo actuar con los alumnos implicados? ¿Qué debo explicar a las familias?

Para dar respuesta a estas preguntas, y teniendo en cuenta que el profesor es el elemento fundamental para detectar y minimizar el riesgo de las dinámicas de acoso entre iguales, diferentes organismos nacionales e internacionales han creado programas de formación docente para detectar y prevenir el bullying y el ciberbullying. Estos programas suelen centrarse en la etapa de secundaria y se basan en talleres en los que se trabajan competencias técnicas como la identificación de factores protectores y señales de alerta del acoso escolar, o el diseño de intervenciones y protocolos de actuación (Ortega-Ruiz, Del Rey, 2016).

No obstante, la edad media de alumnos que sufren acoso escolar se sitúa en los 11 años, pero los problemas de convivencia pueden darse ya entre alumnos de 7 u 8 años (ANAR, 2018). Estos datos muestran que existe una necesidad de impulsar la prevención del bullying desde etapas más tempranas, mucho antes de que los alumnos hayan desarrollado formas abusivas de relacionarse y tengan acceso ilimitado a las TIC.

Es en las aulas de Infantil y Primaria en las que los alumnos crean sus primeros vínculos emocionales estables con otros compañeros, aprenden a trabajar en equipo, crean sinergias, y, a su vez, se diferencian del resto de sus compañeros. Así pues, sentar las bases para una convivencia en armonía, respeto y aceptación por la otra persona es un objetivo primordial, que debe tratarse de forma transversal a lo largo de la escolarización.

Una formación que no incluya un conocimiento profundo de técnicas conductuales y cognitivas, así como habilidades emocionales y sociales hace difícil afrontar diariamente las clases con los estudiantes.

“El papel de los maestros a lo largo de estas primeras etapas de escolarización es acompañar a los alumnos a convivir en armonía, a mostrar respeto y aceptación por la otra persona”.
El papel de los maestros a lo largo de estas primeras etapas de escolarización es acompañar a los alumnos a convivir en armonía, a mostrar respeto y aceptación por la otra persona. También deben ofrecerles espacios para desarrollar su inteligencia emocional, es decir, que sean capaces de reconocer y expresar las emociones propias y de los demás, desarrollar empatía y mostrar una actitud asertiva.  Al mismo tiempo, los maestros deben escuchar a los alumnos sin prejuzgarlos, ser respetuosos y ver en las diferencias dentro del aula como algo positivo y enriquecedor. Aparte de las competencias emocionales y sociales, el equipo docente debe ayudar a los alumnos a utilizar las TIC de forma ética y responsable.

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