Libros
7 junio, 2019

La reconstrucción de la vida: Sábado, domingo, de Ray Loriga

 

Ray Loriga (Madrid, 1967) retomó la notoriedad que tuvo en sus primeros años de novelista y que lo encumbró como autor de culto en los círculos literarios a finales del siglo pasado gracias al Premio Alfaguara 2017, el cual ganó por su novela Rendición.

 

El niño terrible de la literatura española es ahora un adulto aún rebelde, y todavía con mucha tinta en su pluma.

 

Recientemente publicó Sábado, domingo (Alfaguara, 2019), entrañable novela en la que el narrador recuerda un momento de cambio en su vida, una bifurcación absoluta de su ser:

 

La distancia entre lo sucedido y lo contado sólo se conoce demasiado tarde.

[…]

Vives como si nada hasta que algo se te clava, y después se trata de sacarse esa espina, más que de seguir viviendo. Sale en todos los cuentos, no es algo que se me haya ocurrido a mí.

 

Del mismo modo vive Ray, como su protagonista, este momento de su vida. El autor español está mirando hacia atrás, hacia un pasado vertiginoso que no sabe muy bien cómo lo ha llevado a este momento de madurez:

 

Me pasaron muchas cosas demasiado joven y no tuve tiempo de asimilarlas. Siempre tuve la sensación de que lo iba a analizar después, en parte porque el oficio de escribir te obliga a estar siempre revisándote a ti mismo […] Voy hacia mi atrás, pero no hacia mis circunstancias. Mi personaje habita en un tiempo pasado que es el mío, incluso vive situaciones o conoce personas parecidas a las que yo conocí, pero no es un libro de autoficción. (El País, 18 de marzo de 2019)

 

Entre la autoflagelación de su personaje principal y estas pistas autobiográficas —que no aportan gran cosa a la interpretación de la obra—, la novela navega en una narración titubeante, una suerte de monólogo interior interrumpido por los diálogos que vienen directamente del recuerdo de nuestro héroe, que al mismo tiempo en el que nos cuenta su versión de los hechos anuncia que se trata de un ejercicio de expiación, un juicio hacia su persona y también una especie de castigo. Un sábado funesto en el que este hombre común se enfrenta a los estragos de una noche de farra y una cascada de malas decisiones. Estamos pues frente a un narrador que no teme contarnos la verdad:

 

Podría haber contado esta historia de otra manera, salvándome a mí mismo como suele hacer la gente. Pero ¿qué sentido tendría? Dicen que el hombre que se representa a sí mismo tiene un loco por abogado. ¿Cómo llamar entonces a quien simplemente se delata?

Imaginamos, pues, un esfuerzo de sinceridad de quien se consideró un don nadie en un sábado maldito que regresa 25 años después para convertirse en un domingo de anagnórisis. El pasado ha alcanzado al personaje y en su lucha interna contra sí mismo intentará salir a flote, sacarse la aludida espina:

 

No sé si le sucede a todo el mundo o si de nuevo es cosa mía, pero a veces veo cosas que me parecen recuerdos. No me refiero al clásico déjà-vu, sino a memorias exactas del futuro plantadas como ciruelos en el presente. Es muy raro. Recuerdos avanzados o fantasmas del futuro. Profecías revisitadas. Vaya usted a saber. O puede que no sean más que el clásico déjà-vu, y que al final me dedique a darle más vueltas de las necesarias a todo para hacerme el interesante.

[…]

Siempre hay un sabio en no sé qué libro, un Yoda o un gurú, que te dice que mires dentro de ti mismo y utilices tus propios recursos, pero si cuando miras hacia dentro no ves gran cosa, olvídate de recursos propios, no queda otra que improvisar, o copiar.

 

Recuerdos dolorosos, un pasado y un presente que se empalman y una voz narrativa que en palabras de Loriga es: “el juez, el testigo, el fiscal, el detective, el abogado, el culpable y la víctima” conforman una novela exquisita.

 

Sábado, domingo

Ray Loriga

Alfaguara

 

 

Gil del Valle

Editor, az.

 

 


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