Educación AZ
17 julio, 2018

No saberlo todo: una herramienta poderosa para educar a los niños

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Es mucho más divertido aprender que enseñar y buscar respuestas que tenerlas todas.
Cuando mi hijo tenía 5 años, atravesaba una época en que siempre me hacía preguntas: “Mami, ¿por qué las nubes se mueven?” y “¿Por qué a veces llueve y otros días hay mucho sol?” Yo me esforzaba por darle respuestas inmediatamente — y a veces no tan correctamente.

Emilio tenía una piel delicada que frecuentemente se irritaba. En una visita a la dermatóloga, ella me recomendó una crema muy eficaz, que le quitó la picazón e irritación. A partir de entonces, esa crema no faltó en casa. Sin embargo, una noche mientras lo ayudaba a prepararse para ir a la cama, con la curiosidad que lo caracteriza, Emilio me preguntó: “Mami, ¿por qué esa crema funciona para quitarme el rojo de la piel y la picazón?” Yo, ya cansada y sin conocer la razón científica detrás de la eficacia de la crema, le respondí: “Ay, no tengo idea! ¡Yo no soy científica ni médico, soy sólo tu mamá!”

Esa respuesta me salió muy natural, pero luego me preocupé de haber decepcionado a mi hijo. Al ver su sonrisa, supe que no lo había defraudado. De hecho, nos empezamos a reír, y desde ese día me sentí con completa libertad de no saberlo todo. Esto ha sido una herramienta poderosa de enseñanza, ¡y se la recomiendo a todos los docentes!

En estos tiempos de cambios exponenciales gracias a la velocidad en la evolución de las tecnologías y la transformación digital, el rol del docente también se está transformando vertiginosamente. Y todos sabemos que los cambios, si bien pueden traer muchos beneficios, pueden ser también – y frecuentemente los son – desestabilizadores para quienes los sufren.

Consulta la nota completa en: El País


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