Educación AZ
14 mayo, 2019

Puentes entre la neurobiología y la didáctica

¿Cómo se atrae el aprendizaje del alumn@?

Sólo se puede educar si se es capaz de cautivar. Aquí tenemos la primera premisa: atraer al otro, poder sintonizar con él o con ella y a partir de aquí poder favorecer que acontezca el deseo.

La fuente de nuestro deseo por aprender radica en nuestras emociones, por esto el cerebro emocional tiene la clave para fomentar estas ganas de saber.

La curiosidad, la motivación y los deseos de aprender son esenciales en nuestra vida. Hacen que queramos salir de nuestras rutinas. Nos lleva a investigar, a buscar respuestas. ¡Qué nunca nos falte ese deseo de seguir descubriendo la vida!

Te presentamos a dopaniña (conocida por los neurocientíficos como dopamina) que es la molécula que aumenta nuestra motivación, placer y curiosidad.

Un contrato pedagógico

Hola, soy dopaniña, tal vez no me conocés, pero soy tus ganas de aprender, tus ganas de probar, de descubrir. Para ponerme un rostro me han dibujado como una niña porque l@s niñ@s son los que muestran más curiosidad. Lamentablemente, en el mundo de los adultos todo lo que suena a infantil es catalogado como de poco valor y desechado.

¡Cuánto se pierden los adultos haciendo silogismos tan simples!

¿Hacemos un trato?

Nosotros nos comprometemos a mostrarte un laberinto lleno de posibilidades y vos te comprometés a recorrerlo sin desanimarte en el intento. Sabiendo que el proceso para encontrar el camino es probar y, si nos equivocamos, lo volvemos a intentar.

¿Te animás?

¿Hacemos el trato?

¿Por qué no nos gusta hacer contratos? ¿Nos da miedo comprometernos con nuestro aprendizaje, responsabilizarnos de lo que aprendemos o de lo que dejamos de aprender?

Debemos recordar que la corteza prefrontal (justo detrás de la frente) piensa y reflexiona. Le llega información del mundo exterior y de tu mundo interno corporal.

Podemos decir que tenemos dentro de nuestro “laberinto” cerebral a la “Lámpara de Aladino”, cuando “frotamos” al pre-“frontal” (usando su capacidad de pensar) sale el “genio” y hace lo que le pedimos (según lo que pensemos) y así nos sentiremos y actuaremos.

¡Ojo con lo que pedimos! Porque eso será lo que consigamos.

Veamos un ejemplo de lo que pasaría si un niño tuviera una serie de pensamientos a lo largo de un día cualquiera:

Suena el despertador y piensa: ¡Qué horror, otro día más!

Acaba de “encender una bengala” en su cerebro, acaba de dar una “orden cerebral” que en milisegundos generará una cadena de acontecimientos: liberación de neurotransmisores, efectos musculares, cardiovasculares, respiratorios, hormonales, inmunológicos, emocionales, etc.

Con todo esto le costará más levantarse.

Además, sentirá sus efectos durante un rato hasta que se acabe la “bengala encendida”, es decir hasta que los neurotransmisores se vayan desactivando.

Este niño se levanta protestando: “¡Ufa, no quiero levantarme!”.

Acaba de procesar otro pensamiento, de encender otra bengala, aún tiene los efectos del primer pensamiento cuando ya vuelve a provocar otra cadena de acontecimientos parecida, esto hace que aumenten los mismos neurotransmisores negativos. Se sentirá peor y le costará aún más continuar.

Va al baño y al verse en el espejo dice: “¡Qué cara, cada día peor!”.

Otra vez provoca un pensamiento y una liberación de neurotransmisores que lo llevará a sentirse más triste, desanimado y cansado.

Después se mete en la ducha. Veamos la incongruencia que supone lavarse bien por fuera y llenarse de neurotransmisores “tóxicos” por dentro.

Consulta la nota completa en: Asociación Educar


Compartir

Articulos Relacionados